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Un atisbo por la gran ciudad

Reflexiones Cristianas

Mientras observaba aquella escena donde el vendedor de frutas limpiaba cada una de sus unidades con una tela de franela pasaban muchos transeúntes, el sonido de los altoparlantes de los negocios aledaños no se dejaba esperar.

Algunos se tapaban sus oídos con sus dedos índices y arrugaban sus frentes, otros hacían malabares frente al semáforo mientras estaba en rojo para poder llamar la atención de algunos que iban ensimismados en sus vehículos y con su celular en la mano mensajeando, y en una esquina una joven Mal vestida, se saludaba con otra bien vestida y se abrazan y luego hay un intercambio de algo entre sus manos.

Luego se hacen una señal que solo ellas entienden, posteriormente una de ellas sigue su camino hacia la calle de abajo, la otra en cambio de mejor vestimenta se interna dentro de un negocio con muchas personas comprando.

Mientras una anciana en la avenida siguiente con un pañuelo rojo, con sus arrugas a Flor de piel y sus delgados miembros y sin dentadura alguna quien tiene un canasto sobre una pequeña mesa o butaca y ella sentada sobre un banco y con un cartón en la mano soplando aquella gran canasta cubierta con una manta de colores verde y rojo y ella gritaba: las tortillas, frescas y sabrosas !, mientras una señora de bolso negro se detiene a comprar en medio del tumulto de personas y saca su cartera de mano y se dispone a comprar de aquella anciana, quien muy alegre se pone una bolsa plástica en su mano y empieza a contar las tortillas.

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A diez metros de dicho lugar un joven entre 14 a 16 años estaba en una esquina con un bote transparente como un vaso pero con un color de un material poco amarillento, el cual destapaba a cada momento y lo ponía en su nariz y lo olía, cerrando sus ojos, su pantalón de jeans rotos, que se confundían con los de la más alta moda actual, solo por el color apagado por la suciedad de su vestimenta.

De pronto un perro sale corriendo con un pedazo de pollo en la boca y tras de el iba un niño de 9 años tratando de quitar dicho alimento al canino, cuando al final le da alcance y se lo quita y el con mucha tranquilidad comienza a degustarlo en medio de aquel gran tumulto de personas.

Empecé a observar mientras mi vehículo en el cual me transportaba iba a una velocidad excesivamente lenta por la gran cola que imperaba en la zona.

De pronto una patrulla policial se hacía presente y algunos transeúntes les saludaban y ellos con su luces de sirenas encendidas.

De uno de los callejones salió una joven en atuendos de poca tela haciéndose ver toda su silueta femenina y con una cartera de color verde y tacones altos, ella contando unos billetes en su mano y se dibujaba una sonrisa fingida en ella, mientras ella caminaba lentamente, uno de los caminantes le interceptó y cruzó palabras con ella y se veía ella entrar a dicho callejón y con el nuevo cliente se observaba a la distancia entrar en aquella desvencijada casa, que daba la impresión de una escena de terror.

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Mientras eso ocurría, se veía en la acera un niño que estaba con un plato en su mano y la esbelta mujer había dado un chocolate antes de entrar en aquella puerta.

El Niño degustaba lo que había en el plato y de pronto al tenerlo vacío, comenzó a abrir su dulce dado por la joven mujer.

El taxista me dijo: usted veo que es muy observador. En ese momento interrumpí todas aquellas escenas que había estado observando, y le dije: – decidí, observar, ante tanto bullicio y tráfico en pico, no podía perder el tiempo.

El me interrogó y dijo:disculpe, por la pregunta, ¿usted cree en la vida después de la muerte? Le quede viendo a sus ojos mientras el auto estaba detenido y le respondí : yo, si creo y usted que cree?

El me dijo : yo pienso que no, aquí se acaba todo, sea bueno o malo uno, de nada sirve, el que hace lo bueno le va bien y el que hace lo malo le va mal. Mire los políticos malos, les va mal. Ellos solo llegan allí a llenarse las bolsas.

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Entonces jocosamente le respondí, por eso es que el mucho peso de sus bolsillos los retiene y los hace bajar a la tumba y luego algunos al infierno y otros al cielo, todo depende si tomaron la mejor decisión de su vida, como ser entregar su vida a quien se las donó.

El me dijo en tono sarcástico: ¿o sea que usted es de los que anda con la Biblia bajo el brazo? Le contesté: si se refiere a que si voy a la iglesia, si claro, voy a la iglesia. El en tono de burla me dijo: fíjese que ayer vi a un pastor que andaba en una nave de esas Toyota prado y mientras le enceraban el auto tenía una discusión con el que le había encerado esa máquina.

¿Que con eso le pregunte? El me dijo: estaba portándose de manera grosera con el limpia carros, solo porque el era de una mejor posición que el otro. ¿No cree que eso habla en contra de los pastores?

Le dije: cada quien elige quien ser, algunos son por llamado De Dios, otros por vanagloria, pero no puedo juzgar sus corazones si es a eso que quiere llegar, pues solo a Dios le rendirán sus cuentas.

El insistió y dijo: si pero por eso yo no creo en la vida después de la muerte, con tanta gente falsa y mentirosa.  Yo vi mi reloj y supe que tenía casi una hora en aquel embotellamiento y le dije: ¿usted sabe por qué usamos estas cosas? y le señale mi reloj.

El me dijo: mire ese es un buen reloj, con la pinta que tira, parece una buena marca y por su vestimenta ha de ser de los caros. Le volví a hacer la pregunta: ¿pero usted sabe por qué usamos esto en nuestras manos? El me dijo: pues para lucirlos.

Le dije, bueno, si en cierta forma, pero en otra forma es que somos esclavos del tiempo, ese que nunca se detiene, cada segundo que marca este segundero, es de mucho valor.

Acerca Mauricio Loredo

Mauricio Loredo

Me convertí a Cristo en mi cuarto año de medicina. Decidí en ese año darle mi carrera al Señor todopoderoso. Soy otorrinolaringologo por la Gracia De Dios, y servimos con mi familia activamente en la actualidad en la iglesia Local Brigadas de Amor Cristiano Jesus de Otoro.

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