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El camino que buscamos

El Evangelio de Hoy

Como hemos aprendido el cristianismo no es un sistema religioso más, sino nuestra forma de vida, el cristianismo debe ser nuestro estilo de vivir. Es una carrera que se la realiza con paciencia (Hebreos 12:1) “… y corramos con paciencia la carrera puesta por delante”.

También hemos estudiado hermanos, que las circunstancias externas pueden afectar nuestra vida cristiana o estancar nuestra carrera. Aunque como creyentes lo único que debiera afectar nuestras vidas tendría que ser la Palabra de Dios. Descubrimos que es una realidad que muchos de los ambientes externos del mundo afectan nuestra vida cristiana.

Muchos hoy en día se dejan influir por la carrera, la cual es muy diferente a la nuestra, que se corre en este mundo. Mucho son llevados, y en algunas ocasiones sin oponer resistencia, por la corriente que fluye en este mundo. Una corriente que fluye en contra de la voluntad de Dios.

Mucho de ello radica, en que aquellas personas no se encuentran marchando a la par de Dios, sino que intentan que Dios marche a la par de ellos. Y esto a su vez es una grave equivocación. Ya que no es oculto que Dios aborrece el pecado.

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Dios nos ama, la prueba más grande de ello lo tenemos en la cruz, pero también Dios dice que no tendrá por inocente al culpable, por lo tanto Dios no pondrá en tela de juicio ni su carácter, el cual es santo, ni su palabra, la cual es limpia y pura.

Nosotros no podemos establecer el camino por donde queramos que Dios marche con nosotros ¿no es esto absurdo? Él establecerá el camino, nosotros andaremos en ese camino de la mano con Dios.

Empero para poder caminar, andar o marchar con Él, tenemos que sentir esa necesidad de Él, esa necesidad andar con Él. Llegó el momento en meditar con la Palabra de Dios la siguiente pregunta: ¿Realmente necesito de Dios, y de andar con Él?

Evangelio del Día: Lucas 11:9-10

Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. 10 Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.

Hermanos, es preciso saber que la salvación de nuestras vidas es un asunto muy personal, bien decía un predicador: “en la entrada a la vida eterna existe un torniquete en la puerta el cual permite que ingrese una persona a la vez”.

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Como se los he mencionado antes “podemos llevar un caballo al estanque, pero no lo podemos obligar a beber”. No está en nosotros el poder obligar a una persona el que quiera ser salva. Peor aún, sin haber nacido de nuevo, obligarle a que camine a la par con Dios.

El punto principal de esto, es que si alguien no tiene a Dios en su vida, es claro que no quiere tener a Dios en su vida. Escucho a alguien que no tiene a Dios, y ni camina con Él disertar: -Pastor se equivoca, yo sí quiero a Dios- Pues con tal seguridad te digo que tu no quieres a Dios, ya que si quisieras de Él, tendrías de Él, pero tus caminos testifican que lo que sí quieres es el pecado, y andar en sus caminos.

Esto puedo deducirlo con tal firmeza, porque la Palabra de Dios dice: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.”  En base a éste versículo, es fácil deducir, que el que no tiene a Dios en su vida, es porque no le ha pedido, no le ha buscado y no le ha llamado.

El hombre busca, pide y llama lo que su corazón desea, y si el deseo de su corazón no es tener de Dios, tendrá de Dios lo que su corazón quiere. Hermanos, por lo mismo nosotros no debemos cargar sobre nuestros hombros cruces que no nos pertenecen, como lo dice en el Evangelio de Mateo 16:24: “…Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.”  Vemos aquí que seguir a Jesús es algo individual, Él mismo dijo “tome su cruz.”.

Cada uno tiene que sobrellevar sus propias cargas, ya que cuando comenzamos a poner el hombro en cargas que no nos corresponden, abrimos la puerta al enemigo para tentarnos, ya que por lo general comenzamos a sufrir por los problemas ajenos, comprometiendo muchas veces nuestra obediencia a Dios, nuestros principio o nuestra fe, por buscar agradar a aquellas personas que verdaderamente no quieren buscar de Dios, pues como lo dije hace un momento: “cada uno tiene de Dios lo que su corazón quiere”.

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También hay que hacer una aclaración muy firme en este momento, ya que puede haber una mala interpretación. Con esto tampoco quiero decir, que no debemos ayudar a sobrellevar las cargas de nuestros hermanos, las Escrituras nos lo mandan, veamos en Romanos 15:1-3: “Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos. 2 Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno, para edificación. 3 Porque ni aun Cristo se agradó a sí mismo; antes bien, como está escrito: Los vituperios de los que te vituperaban, cayeron sobre mí.” O también podemos revisar en (Gálatas 6:2).

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