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La fe y las Obras

Romanos es claro también. La gracia es la única manera para que una persona, no las obras de la ley, pueda justificarse ante Dios. Es decir, ninguna cosa que nosotros podamos hacer para intentar cumplir los requisitos de Dios puede justificarnos.

Y Gálatas va más allá, diciendo que el justo por la fe vivirá. Eso quiere decir que el justo es un hombre que ha decidido no confiar en sí mismo, sino descansar completamente en Dios.

IV. La maldad del hombre.

Ahora, la Palabra da varias razones por las cuales los méritos del hombre no tienen lugar ante el cielo. La principal de ellas es que el hombre es malo. El ser humano es un hombre que está bajo condenación a causa del pecado. Él no es un ciudadano inocente que tiene la capacidad de demandar derechos. Es un criminal en una corte que espera un juicio.

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Romanos 2-3 es una exposición magistral de esta verdad. En ese pasaje Pablo se dedica a explicar que todo el hombre es terriblemente humano. Al comenzar, dice que toda la humanidad cambió la gloria de Dios por la gloria de los hombres (1:18-23). Rechazaron al Dios amoroso, y quisieron su propia gloria.

El resultado de todo esto es que todos se entregaron a toda clase de pecados abominables. El apóstol Pablo da una lista bastante interesante en los versos 24-32. Allí se enlistan diversos pecados que muchos no cometen nunca, como la homosexualidad, el asesinato, el robo, etc. Pero Pablo también enlista pecados comunes para todos los hombres, aun para los cristianos. Envidia, mentiras, soberbia, avaricia, falta de misericordia, desobediencia a los padres.

Quizá no todos entramos en la primera lista. ¡Pero definitivamente todos hemos cometido alguno de los otros pecados! Muchos cristianos después de haber creído, siguen siendo irrespetuosos con los padres, soberbios, avariciosos, y rencorosos. ¡Y eso los hace culpables de juicio!

Por eso, en el capítulo 2 y parte del 3, describe al pueblo de Dios como personas que suelen ser hipócritas. ¿Por qué? Porque enseñan a otros lo que ellos mismos no practican. ¡El pueblo de Dios merece condenación también! Por eso, dice que tanto judíos como gentiles están bajo pecado (3:9).

V. Su incapacidad para salvarse.

Y según la Biblia, esto hace al hombre incapaz de poder salvarse a sí mismo. A través de los estudios bíblicos aprendemos claramente, que el pecado es un delito que pone al hombre en el lado de los acusados. ¡Y lo único que la espera es la cárcel eterna!

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Eso es porque el hombre debe pagar el delito que cometió. La paga del pecado es muerte. La única forma en que el hombre pueda pagarlo es muriendo eternamente en el infierno (Romanos 6:23).

La otra de manera de hacer este pago es cumpliendo completamente la ley de Dios. Cumplir la ley de Dios trae vida (Gálatas 3:12). Pero quien no pueda cumplirla, estará bajo maldición. Sin embargo, la ley es completamente perfecta. De modo que, al romper un mandamiento, se ha quebrantado toda la ley, y somos culpables de juicio (Santiago 2:10-11).

Sin embargo, como acabamos de ver, los estudios bíblicos nos revelan que todos los hombres, incluso los cristianos, están bajo pecado. ¡Negar esto es ser unos mentirosos y hacer mentirosos a Dios! (1 Juan 1:8, 10). De modo que, ni de una ni de otra manera el hombre puede salir de la maldición en la que se encuentra.

Esto es interesante. Porque según este estudio bíblico, tanto romanistas como arminianos están equivocados en este punto. ¡El hombre no puede hacer nada por sí mismo para agradar a Dios!  ¡El hombre no es bueno, sino un miserable pecador! Todos están muertos en delitos y pecados. Y así se quedarán, a menos que Dios haga algo por ellos.

VI. La necesidad de un Salvador

Precisamente, aquí es donde entra la necesidad de un Salvador. Jesús tuvo que venir y morir por nosotros, porque no teníamos ni la más mínima capacidad para hacer algo para salvarnos. La condición en que el hombre se encuentra por naturaleza es de continuo mal. Y solamente, Jesús puede salvarlo de tal miseria en que se encuentra.

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Jesús obtuvo todas las cosas que eran necesarias para salvarnos. En primer lugar, se hizo maldición por nosotros (Gálatas 3:13-14; 2 Corintios 5:21), que es otra manera de decir que recibió nuestro castigo. Por eso, era necesaria la muerte de cruz por nuestros pecados. Porque sólo en su muerte, podría limpiarnos de nuestra culpa, y limpiarnos de nuestra maldad.

Además, Cristo obedeció completamente la ley de Dios. En Él no se halló pecado ni engaño en su boca (1 Pedro 2:22-24), no tenía ningún pecado (2 Corintios 5:21). Jesús es descrito como el Hijo amado, en quien Dios se complace (Mateo 3:17). Como Dios no se complace en el pecado, obviamente es entendible que Jesús no tenía ningún pecado en Él. Él cumplió todo lo que estaba escrito acerca de Él. Fue completamente obediente al Padre.

Acerca Jose R. Hernandez

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José R. Hernández; educación cristiana: Licenciatura en Teología, y Maestría en Teología. Fundador de Nuevo Pacto Corporation, dba. "Ministerio El Nuevo Pacto" en el año 1999.

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