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La vida da vueltas y te termina persiguiendo

El Evangelio de Hoy.. Mensajes Cristianos

Los pajaritos cantaban esa mañana fresca, donde el rocío del sereno de la noche había cubierto la grama en aquella gran hacienda, sin embargo dentro de aquella casa, donde el jardín que había a su alrededor era contrastante con el color encendido de aquella casa de campo que estaba ubicada en el centro de aquella inmensa propiedad.

Inesperadamente se ve como la puerta de la casa se abre de par en par, y aparece aquel niño de nueve años corriendo con su perro que parecía más peluche que perro, y detrás venía la abuela con una faja en su cuello y llamándole por su nombre: Miguelito, que deje de correr le estoy diciendo.

Aquel niño parecía no escuchar a la abuela, y de pronto el pequeñuelo cayó en una zanja que estaba cubierta por un Zacate y los gritos no se dejaron esperar.

El perro comenzó a latir fuerte, la abuela con la faja en el cuello empezó a gritar, y su hijo salió en veloz carrera al escuchar los gritos de su madre y además el perro seguía latiendo.

En el fondo de la zanja había un nido de serpientes que acababan de salir y comenzaron a rodear al niño pero sin atacarlo, era como que algo a su alrededor les impedía atacarlo, al llegar su padre a dicho lugar y vio al niño sangrar de su pierna, y que se veía inmóvil ante la presencia de aquellos reptiles que le amenazaban con morderle, y de pronto su padre desenfundó su arma y teniendo mucha seguridad en su puntería siempre acertada le apuntó a la cabeza de uno de aquellos reptil de ponzoña, y en ese preciso momento el niño hizo un movimiento de su pierna que se había lesionado, y la serpiente mordió su tobillo y en ese momento se escucho la detonación y voló la cabeza del reptil, pero se vio una chispa que impactó en el cemento del canal y luego en el abdomen del niño, y éste sólo hizo un grito aún más ensordecedor y su joven padre al ver eso, se imagino que algo más había ocurrido, tomó al niño en sus brazos y salió corriendo al garage y subió al pequeño que ahora lucia pálido y débil.

La cocinera salió en veloz carrera y abrió el garage, y la abuela empezó a llorar y a llevarse las manos al tórax.  Miguelito ahora se debatía entre la vida y la muerte, y minutos antes estaba solo corriendo con su pequeño perro peluche.

En cinco minutos había llegado al Hospital y al estar en la sala de emergencias, les llevó al pequeño y ellos lo recibieron y les dio los pormenores del caso.

Al hacerle el examen físico notaron el orificio de entrada de la bala, y el orificio de salida en su espalda, y su fémur derecho roto y su tobillo hinchado por la mordedura de aquel venenoso reptil.

El pediatra grito a otra colega: Doctora, urgente vengase a asistirme a este niño, traigan un inmovilizados y llamen al ortopeda y cirujano, iniciemos infusión del suero antiofidico, este es un caso muy complicado.

El padre asustado dijo: Doctor haga todo por salvarlo por favor.

El pediatra le dijo: haremos todo lo que está a nuestro alcance, en este momento vamos a hidratarlo y hacerle exámenes y radiografías, vaya usted a dar los datos del niño a la estadística por favor, aquí escribanos los datos para que podamos avanzar.

Mientras aquel hombre salía cabizbajo a estadística, una anciana con un velo en su cabeza le tomó la mano y le dijo: su niño está grave de muerte y es su único hijo, pero usted debe entender que hay un Dios altísimo que quiere que usted se doblegue ante Él y le ame con todo su corazón.

El con cara de despreció apartó a la anciana y le dijo: mire Señora, yo a usted no la conozco y no me interesan las adivinas.

Ella lo quedó viendo a sus ojos y le dijo: esa soberbia es la que hará que su hijo no regrese a casa.

La anciana se dio la media vuelta y se sentó, y él prosiguió a dar los datos de su hijo. Al regresar a la sala de pediatría el pediatra le dijo: señor tenemos un problema, no hay cirujano de turno, debemos solo hacer los primeros auxilios a su hijo y lo remitiremos al Hospital nacional.

El muy molesto dijo: ¿Y es que ustedes juegan con la vida de las personas? ¿Qué les pasa? Es mi hijo.

El pediatra le dijo: su actitud no está resolviendo nada señor.

El dijo: ¿sabe quién soy yo?

El pediatra contestó: no, y no quisiera saber.

El con tono de arrogancia le dijo: soy un hombre de renombre, ¿no ha visto mi rostro en la televisión?

El pediatra le dijo: señor, de haberlo sabido ya le hubiéramos pedido algo para tener una plaza extra para un cirujano y para un pediatra más de turnos en la noche.

El padre aún muy energúmeno dijo: ¿y qué piensan hacer, quieren que me vaya en un taxi?

El pediatra le dijo: señor no tenemos ambulancia aún, debemos llamar a una que está a una hora de aquí, también le pediría una de esas. Aquel hombre se enardeció y gritó en la sala y dijo: Medicos inservibles, ¿qué les pasa ? ¿Acaso no tienen conciencia de lo que están haciendo? ¿Como no va a haber un cirujano de turno?

Aquel hombre sacó su teléfono celular y comenzó a hacer llamadas y no había red adecuada, y no podían salir dichas llamadas.

Uno de los que estaban allí le reconoció y le dijo: Señor diputado, ¿qué hace por aquí?

Acerca Mauricio Loredo

Mauricio Loredo
Me convertí a Cristo en mi cuarto año de medicina. Decidí en ese año darle mi carrera al Señor todopoderoso. Soy otorrinolaringologo por la Gracia De Dios, y servimos con mi familia activamente en la actualidad en la iglesia Local Brigadas de Amor Cristiano Jesus de Otoro.

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