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Corrigiendo nuestra conducta

El evangelio de hoy

Nuestra conducta no puede ser perfecta, porque definitivamente no somos perfectos, sino que vamos desarrollándonos en un bello proceso de continua corrección, pero aun así debemos ser muy cuidadosos porque hay errores que de cometerlos resultarían muy desagradables para Dios.

“…Seis cosas aborrece Jehová, Y aun siete abomina su alma: 17 Los ojos altivos, la lengua mentirosa,
Las manos derramadoras de sangre inocente, 18 El corazón que maquina pensamientos inicuos,
Los pies presurosos para correr al mal, 19 El testigo falso que habla mentiras, Y el que siembra discordia entre hermanos…” Proverbios 6:16-19

Analicemos cada una de estas cosas que son abominación para Jehová:

Ojos altivos. Aquellos que miran por encima de los hombros de los demás son personas altaneras y arrogantes cuya soberbia les hace creer que han venido al mundo con el privilegio de ser superior a otros. Sabemos que Dios exalta al humille y avergüenza al soberbio.

Lengua mentirosa. La persona que esgrime la mentira como arma que temporalmente le puede sacar de un aprieto, no sólo se hace desagradable ante los demás, sino que finalmente se enreda en sus propias mentiras creándose serios problemas él mismo y a otros que pasaría a ser sus víctimas. La lengua es un arma de doble filo que conforme pudiera hacer mucho bien, también podría hacer mucho mal.

Manos derramadoras de sangre inocente. Éste es la persona que quizás pudiera crear el peor de los daños causando a otro una herida física provocando un derramamiento de sangre cuyo desenlace podría ser la muerte de la persona agredida.

El agresor, evidentemente, ha pasado por encima de las leyes de Dios tomándose la atribución de hacer “justicia” con sus propias manos. El mal que ha hecho le tomaría una entrega total al Señor mostrando un genuino arrepentimiento para alcanzar su perdón.

El corazón que maquina pensamientos inicuos. Éste es alguien muy perverso y extremadamente peligroso. No se trata de una persona que se ciegue debido a un momento de cólera y que por tal motivo propicie daños a su semejante. Se trata de alguien que con alevosía prepara fría y calculadoramente el mal de otros. Este tipo de persona se comporta de una manera tan ladina que en la mayoría de los casos se vale de una tercera persona que logra persuadirle para que ejecute el macabro plan que él ideó.

Los pies presurosos para correr al mal. Generalmente éste es el continuador del anterior. Recibe el plan del autor intelectual y corre a prisa a ejecutar el mal, y su actitud es tan abominable como la del autor. A veces, en el menor de los casos, sus perniciosos actos son de su propia autoría.

El testigo falso que habla mentiras. Éste, sin lugar a dudas, posee una lengua mentirosa que la usa como testigo falso de algo que no ha visto, sino que le han contado y aun así actúa ayudando con su falso testimonio a alguien a que escape de una situación que sólo él es responsable y que va en detrimento de otro que es inocente. Generalmente lo hace sólo por las dádivas que le ha ofrecido el verdadero culpable.

El que siembra discordia entre hermanos. Éste es uno de los más peligrosos de todos los hacedores del mal. Solapadamente siembra la cizaña entre los hermanos. Figura como una persona honesta y de bien, capaz de dar los mejores consejos y logra engañar con impresionante facilidad. No siempre busca ventajas de sus acciones, sino simplemente crear discordias entre otros por el motivo de tener una mente enferma que encuentra placer en el mal ajeno.

¿Alguien recuerda haberse encontrado en alguna o algunas de estas etapas perversas del pasado? Yo soy el primero en levantar la mano. Por algunas de ellas pasé antes de conocer a Cristo y como ser imperfecto en el camino de la perfección lo reconozco  y clamo al Espíritu Santo por su ayuda y guía para superar la tentación, que no cesa de hacerse presente ante cada uno de nosotros por más que le hemos rechazado.

Entonces si atravesamos en el pasado etapas como las mencionadas anteriormente o si todavía estamos siendo objeto de pensamientos inicuos debido a la tentación, ¿cómo salir de tal situación?

Con el amor que todo lo supera, aun en los momentos de dolor y sufrimiento cuando la felicidad anda ausente indefinidamente, que aunque parezca locura… sobre ellos Dios nos perfecciona. Decía el escritor británico Clive Staple  Lewis:

“No creo que Dios quiera exactamente que seamos felices, quiere que seamos capaces de amar y de ser amados, quiere que maduremos, y yo sugiero que precisamente porque Dios nos ama nos concedió el don de sufrir; o por decirlo de otro modo: el dolor es el megáfono que Dios utiliza para despertar a un mundo de sordos, porque somos como bloques de piedra, a partir de los cuales el escultor poco a poco va formando la figura de un hombre, los golpes de su cincel que tanto daño nos hacen también nos hacen más perfectos.”

“…El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará…” 1 Corintios 13:4-8

CONCLUSIÓN

El amor todo lo puede y está por encima de todo.

1 Corintios 13:13. Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.

Busquemos la corrección y guía del Espíritu  de Dios para encontrar amor suficiente, sin el cual en vano intentaríamos enmendarnos.

© Antonio J. Fernández. Todos los derechos reservados.

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Acerca Antonio J. Fernández

Antonio J. Fernández
Mi nombre es Antonio Fernandez, soy profesor universitario de matemática, y hace más de 20 años que sirvo al Señor. Mi esposa y yo asumimos el compromiso de serle fiel cada día de nuestras vidas, y de predicar Su palabra para cumplir con la misión que Él nos entrego.

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