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Tuya es la victoria; la gloria es sólo para Él

Evangelio de Hoy

Ciertamente después de cumplir al pie de la letra con un plan trazado en buena lid, saborear la victoria no sería solamente justo sino también muy saludable por cuanto nos ayuda a mantener o mejorar nuestra autoestima, siempre que seamos mesurados con los logros obtenidos. Lo terriblemente fatal sería que debido a estos logros pretendamos ser glorificados.

Josué 10:11-14

Y mientras iban huyendo de los israelitas, a la bajada de Bet-horón, Jehová arrojó desde el cielo grandes piedras sobre ellos hasta Azeca, y murieron; y fueron más los que murieron por las piedras del granizo, que los que los hijos de Israel mataron a espada. 12 Entonces Josué habló a Jehová el día en que Jehová entregó al amorreo delante de los hijos de Israel, y dijo en presencia de los israelitas:  Sol, detente en Gabaón;  Y tú, luna, en el valle de Ajalón. 13 Y el sol se detuvo y la luna se paró,  Hasta que la gente se hubo vengado de sus enemigos.  ¿No está escrito esto en el libro de Jaser? Y el sol se paró en medio del cielo, y no se apresuró a ponerse casi un día entero.  14 Y no hubo día como aquel, ni antes ni después de él, habiendo atendido Jehová a la voz de un hombre; porque Jehová peleaba por Israel.”

Como se ha visto, Josué consiguió que se detuviera el sol y con ello alcanzar una gran victoria. Dios permitió y propició que los israelitas vencieran al enemigo, ¿pero, acaso el Señor les entregó su gloria?

Hay que distinguir la palabra gloria de victoria: la primera significa encanto, perfección, satisfacción plena, etc. La segunda significa triunfo, éxito, etc. Dios le concede el triunfo a los que le temen, pero la gloria… ésta es sólo para Él.

De todos modos Josué fue un hombre muy obediente y temeroso de Dios para que el Señor le concediera tal milagro que se dice (versículo 10:14) que “no hubo día como aquél, ni antes ni después de él,…”

Otra gran victoria debido a un gran milagro la tuvo Moisés tras extender su mano sobre el mar para escapar de los hombres faraón  haciéndolos, a su vez, perecer en el mar.

Éxodo 4:27-31

Entonces Moisés extendió su mano sobre el mar, y cuando amanecía, el mar se volvió en toda su fuerza, y los egipcios al huir se encontraban con el mar; y Jehová derribó a los egipcios en medio del mar. 28 Y volvieron las aguas, y cubrieron los carros y la caballería, y todo el ejército de Faraón que había entrado tras ellos en el mar; no quedó de ellos ni uno.  29 Y los hijos de Israel fueron por en medio del mar, en seco, teniendo las aguas por muro a su derecha y a su izquierda.  30 Así salvó Jehová aquel día a Israel de mano de los egipcios; e Israel vio a los egipcios muertos a la orilla del mar.  31 Y vio Israel aquel grande hecho que Jehová ejecutó contra los egipcios; y el pueblo temió a Jehová, y creyeron a Jehová y a Moisés su siervo“.

Moisés, como ser humano, tuvo que haber disfrutado en grande la victoria, pero como hombre temeroso de Dios supo honrarlo y darle la gloria.

Veamos otra victoria que Dios concede tras un gran milagro:

Hechos 16:25-26

Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían. 26 Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron“.

Nadie mejor que Pablo quien notablemente tuvo un antes y un después para saber el efecto que surte alabar a Dios en medio de una difícil situación, pero ahora, siendo un nuevo Pablo, sabe que toda la gloria de lo ocurrido era de Dios, y que él sólo era el instrumento usado por el Señor para tal propósito que finalmente terminó con la conversión del carcelero y su familia, como lo muestran los versículos siguientes de ese mismo capítulo.

Apocalipsis 4:10-11

los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo: 11 Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas“.

Nosotros, como seres humanos, nos regocijamos con los triunfos alcanzados, y esto no significa que hagamos mal; por el contrario, los triunfos se celebran porque a fin de cuentas son concesiones de Dios. En muchas ocasiones reconocemos que ha sido por la voluntad de Dios y de hecho damos gracias; pero muy pocas veces separamos el triunfo obtenido con la gloria que ha de darse a Dios, primero que todo.

No existe triunfo, sin importar el esfuerzo que nos haya costado, sin la intervención de la mano milagrosa de Dios. Por lo tanto, la actitud del creyente debe ser de dar la gloria al Señor primero que todo. Aun cuando después de muchos esfuerzos no hayamos llegado a la victoria, la gloria es para Dios que sabe exactamente cuando habríamos de alcanzar lo que hemos estado pretendiendo.

CONCLUSIÓN

Mateo 6:12-13

“...Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. 13 Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén…”

En estos últimos versículos de la oración modelo, nuestro Señor Jesucristo nos enseña que en todo momento debemos dar la gloria al Señor porque suyo es el reino y el poder, y la gloria. Una oración, una bendición, una enseñanza, cualquier cosa que recibamos de Dios se convierte en un acto carente de sentido si no le damos Él toda la gloria.

© Antonio J. Fernández. Todos los derechos reservados.

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Acerca Antonio J. Fernández

Antonio J. Fernández
Mi nombre es Antonio Fernandez, soy profesor universitario de matemática, y hace más de 20 años que sirvo al Señor. Mi esposa y yo asumimos el compromiso de serle fiel cada día de nuestras vidas, y de predicar Su palabra para cumplir con la misión que Él nos entrego.

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