Vida Eterna.. Evangelio de Hoy

Nuestro fin es la vida eterna

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Mensajes Cristianos Texto Biblico:Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.” (1 Juan 5:11)

No debemos arraigarnos a esta vida

En nuestra existencia vamos desarrollando un apego al estar aquí en la tierra. Nos acostumbramos a lo que conocemos y aprendemos a disfrutarlo. Pero si observamos nuestro interior, sabremos que tenemos ansias de más. No nos conformamos en que esta vida breve es lo único que tenemos. Porque en el alma del ser humano Dios puso un germen de vida eterna, que no será saciado si no es por la fe.

Por medio de la fe tenemos la certeza de que esta vida no llena el deseo de eternidad que Dios puso en nuestro interior. Cristo vino a mostrarnos que Dios Padre quiere que nos unamos a Él en el banquete eterno, después de vivir una vida de acuerdo a sus enseñanzas.

Para esto, tenemos que sacrificar muchas cosas que el mundo llama felicidad. Pero nosotros sabemos que son placeres fugaces, que no duran más que el suspiro. Si apegamos nuestro espíritu a esto, no podremos mirar hacia arriba y apreciar los bienes celestiales. La alegría interior que da la amistad con Dios es superior a cualquier cosa que pueda ofrecernos el mundo. (2 Corintios 4:17)

La muerte que debemos temer es la espiritual

Sabemos que vamos a morir. Es una ley indefectible de nuestra condición de mortales. Pero si tenemos el ansia de la eternidad, es porque este deseo proviene de nuestro destino eterno. Somos cuerpo y alma, un cuerpo mortal y un alma inmortal. Este alma inmortal gozará en la alabanza a Dios hasta el último día donde resucite con su cuerpo glorificado, a semejanza del Señor.

Por eso, no debemos temer a la muerte. Ella es un tránsito hacia nuestro encuentro con Dios. El nacimiento nos saca de un lugar donde nos sentimos cómodos hacia la aventura de la vida. Del mismo modo la muerte es también un nacimiento a la eternidad. Mediante ella dejamos esta existencia terrenal para recibir la misericordia de Dios que nos permite entrar en su presencia.

Lo que sí debemos temer es el pecado que provoca en nosotros el alejamiento de Dios. De esto sí debemos tener temor, porque implica que no seamos fieles a las promesas de nuestro bautismo. El pecado mata nuestra vida espiritual y no permite que heredemos la promesa hecha por Dios a sus hijos. (Romanos 6:23).

El camino hacia la salvación es estrecho y difícil

Si tuviéramos dos caminos para elegir, y supiéramos que uno nos lleva por un camino fácil y simple hacia la perdición eterna. Pero el otro es un camino estrecho y arduo de recorrer, con una meta feliz que durará toda la eternidad. ¿Cuál elegiríamos?

Es de creer que no seríamos tan necios de elegir el que tiene un final desastroso. A pesar de lo difícil del segundo, sabemos que nos aguarda una felicidad que durará infinitamente más que las penurias que tuvimos que soportar. Esto es la vida en esta tierra, un momento breve de sufrimiento y sacrificios, después del cual tendremos el gozo de estar junto al Señor por toda la eternidad (Mateo 7:13-14).

Entonces meditemos y no seamos necios. Si sufrimos o tenemos adversidades, busquemos el consuelo de la Sagrada Escritura. Allí Cristo nos dará ánimo mostrándonos que la recompensa es infinitamente mayor que lo que debemos soportar. Tengamos fe en que Dios cumple sus promesas, y no permitirá que se pierda ni uno sólo de sus hijos.

Conclusión

No tenemos que temer a la muerte del cuerpo. Este tiempo es pasajero, y es indefectible que vamos a morir. Pero la manera de afrontar la muerte del cristiano no tiene nada que ver con el temor. Lo que impulsa nuestra vida es la esperanza de la salvación y el gozo del encuentro con Dios en su morada eterna.

Por esto, lo único que sí tenemos que evitar y temer es caer en la tentación y el pecado. Porque esto mata nuestra vida espiritual, nos aleja de Dios y nos deja a merced del maligno. Corremos el peligro de la perdición, para la cual no habrá remedio. Pero si nos arrepentimos de corazón y comenzamos un camino de conversión, llegaremos a la vida eterna. (Mateo 10:39)

© Julio Torres. Todos los derechos reservados.

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