Mensajes Cristianos Cortos.. La amistad de Dios

La amistad de Dios

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Mensajes Cristianos Cortos

«La amistad más grande que ha existido, es la amistad de Jesucristo con la humanidad. Pues el Señor nos amó como amigos, y dio su vida para que alcanzaremos la salvación de nuestra alma.» 

Buenos amigos (1 Corintios 15:33)

El Señor quiere que no dejemos de congregarnos. El ser humano por naturaleza es gregario, por eso vivimos en ciudades, cerca los unos de los otros. Sin embargo la palabra nos advierte que las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres. Debemos reunirnos con los demás y debemos estar cerca de otros seres humanos. Salvo pocas excepciones los seres humanos no gusta vivir en sociedad.

Pero debemos tener cuidado con quienes nos relacionamos. Dios no quiere que tengamos amistad con aquellos que hacen maldad, que estemos en consejo de malos, sino que sea nuestro consejo del Señor. Si  tenemos amistad con personas que siguen a Cristo, lo probable es que nosotros también seamos servidores del Señor. 

Esto no quiere decir que menospreciemos la amistad de personas que no han reconocido al Señor. Jesús mismo comía en casa de los pecadores. Pero no podemos participar con ellos en las cosas que desagradan a Dios. No podemos aceptar ni permitir todas las cosas sabiendo que la luz de Dios está en nuestra vida.

Debemos reunirnos con amigos inconversos pero nuestro objetivo siempre es el de alcanzarlos para el Señor. Y no podemos esperar un consejo espiritual de una amistad que no ha conocido al Señor. Por supuesto que incluso a un inconverso Dios puede usar para hablarnos, pero no podemos contaminarnos con acciones que desagradan al Señor.

En armonía (Salmos 133:1)

Dios quiere que habitemos juntos y en armonía.

Dice su palabra que debemos estar en un mismo sentir. Pero ese sentir, el centro debe ser Jesucristo. Si en medio de nuestra reunión no está Dios, no podemos esperar algo bueno. Dios siempre debe ser el centro de nuestra vida y el centro de nuestras relaciones.

Como hermanos en la fe debemos tener todas las cosas en común. Si nos relacionamos con personas verdaderamente nacidas de nuevo y tienen a Dios en el centro de su vida, podemos estar más tranquilos y esperar un consejo impregnado de la palabra de Dios. No así alguien que hace el pecado tendrá otras prioridades en su vida y no está considerando a Dios en sus decisiones.

Pero si nosotros meditamos en la palabra del Señor de día y de noche. Y cuando nos reunimos con los hermanos en la fe lo hacemos para darle juntos la gloria a Dios, Él se manifiesta. Jesús mismo lo dijo, donde dos o tres están congregados en su nombre ahí está Él en medio de ellos.

Bueno es contar con personas que han sido rescatadas y perdonadas de todos sus pecados. Pueden entendernos perfectamente pues ellos, al igual que nosotros, pasamos de muerte a vida gracias a la misericordia de Dios. Es bueno adorar juntos a nuestro Dios y sentir una misma cosa al adorarle. Bueno es Dios quien nos permite estar juntos en armonía, sirviendole y adorandole.

Para fortalecernos (Eclesiastés 4:12)

Dios nos motiva a ser amigos de personas que vayan en la misma dirección en la que vamos. Busquemos pues estar en comunidad, fortalecernos los unos a los otros con palabras del Señor. Corregirnos y guiarnos los unos a los otros en la palabra de Dios. 

Es bueno estudiar la palabra de Dios con personas que buscan también la verdad y saben que hay un solo Dios, al cual servimos. Dios se agrada y bendice las relaciones en las que ambos tienen las mismas prioridades en cuanto a Dios se refiere. Dios debe ser el centro de cualquier relación, ya sea sentimental, familiar o de amistad, Dios debe estar en medio de cada una de ellas.

Al contar con personas que buscan también a Dios, nuestra fe se fortalece. Podemos orar los unos por los otros y clamar a Dios para la bendición de alguien más.  Podemos unirnos y velar también por los demás.

Ver por las necesidades del hermano es una acción que viene a ser agradable ante Dios, porque aún siendo nosotros malos damos buenas cosas a nuestros amigos. Así también lo hará el Señor con nosotros cuando somos de un corazón bondadoso ante los demás.

Con amor de Dios (1 Juan 4:7)

El Señor nos pide que nos amemos unos a otros. Esto en el amor del Señor. Sabemos que su amor lo llena todo, cuando nuestro corazón está lleno de ese amor de Dios, es fácil dar también amor a los demás, pues el amor de Dios inunda y sobreabunda en nuestro corazón.

En el amor de Dios podemos amar a los demás, a los pecadores, pero también a los hermanos en la fe. Dios se goza cuando andan dos o tres juntos con un propósito, siempre siendo guiados por su Espíritu. En esto vamos a saber que hemos nacido de Dios, cuando nos amamos los unos a los otros. 

La amistad más grande (Juan 15:13)

Pero es indiscutible que la amistad más grande que ha existido, es la amistad de Jesucristo con la humanidad. Pues el Señor nos amó como amigos, y dio su dio para que alcanzaremos la salvación de nuestra alma. 

Aprendamos a ser amigos, así como Cristo nos amó así debemos amar a nuestros hermanos en la fe. Corregirnos, fortalecernos con la palabra de Dios, orar por las necesidades de los demás y estar juntos en armonía. Dios bendice esa reunión donde todos y cada uno tiene el propósito de adorarle solo a Él. Dios está en medio de su pueblo.

© Consuelo Gómez. Todos los derechos reservados.

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