El cuidado de nuestro cuerpo

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Mensajes Cristianos

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Prédica de Hoy: El cuidado de nuestro cuerpo como signo de espiritualidad 

Mensajes Cristianos Texto Bíblico Principal: 1 Corintios 6:19

Introducción

A menudo olvidamos el cuidado de ciertos aspectos fundamentales de nuestra vida por creer estar ocupados en asuntos ‘realmente importantes’. Las exigencias de la sociedad, sean laborales, financieras, académicas, profesionales, etc., nos hacen vivir con premura nuestro día a día. 

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En medio de esta prisa, pasamos por alto que debemos cuidar, por ejemplo, de nuestra salud mental. La depresión, la ansiedad y hasta el insomnio son problemas que pueden afectar nuestra mente si no cuidamos de ella.  

El cuidado de nuestra salud mental, sin embargo, es tan importante como el de nuestra salud física, de nuestro cuerpo. A través de nuestros sentidos, Dios nos ha dado los medios con los que podemos sentir y contemplar su creación.

Ellos nos permiten regocijarnos en su poder creador. En conjunto, constituyen una unidad indivisible, puesto que, dada la función que cada uno desarrolla, ninguno puede reemplazar al otro. Bien decía Pablo, resaltando el poder creador de Dios, que el ojo no podía decirle a la mano ‘no te necesito’ (Cf. 1 Corintios 12:21). 

El cuidado de nuestro cuerpo, no obstante, es un principio de suma relevancia en el ejercicio de nuestra espiritualidad con Dios. Esto queda claramente expresado en las Sagradas Escrituras a través de Pablo, cuando, dirigiéndose a los habitantes de Corinto, dice “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” (1 Corintios 6: 19).

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Cuidar de nuestro cuerpo, entonces, además de tener como propósito un bienestar físico, comprende, también una dimensión espiritual. Si, en efecto, nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, como templo, debemos cuidar de él de una forma especial.

Para entender en qué consiste este cuidado, primero preguntémonos qué significado tiene que nuestro cuerpo sea templo del Espíritu Santo.  

I. El cuerpo como templo 

Comencemos destacando que el templo representa la morada de Dios en la tierra, un espacio destinado para adorar su presencia. En esta idea se basa Pablo al decir que nuestro Padre Celestial no habita únicamente en templos construidos por manos humanas (Cf. Hechos 17:24).

La presencia de Dios, entonces, puede morar – podemos sentirla – en otros espacios. Exhortando a la comunidad de Éfeso, Pablo resaltaba la importancia de cimentar nuestra vida sobre las enseñanzas de los apóstoles y los profetas.  Subrayaba, además, que Jesús era el pilar de todas estas enseñanzas que, puestas en práctica, harían de nosotros un templo de Dios (Cf. Efesios 2:20-22). 

Así, cuando afirmamos, como Pablo, que nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, asumimos que guardamos la palabra de Dios. Es decir, no seremos dignos de recibir al Espíritu Santo dentro de nosotros si llevamos una vida inmersa en el pecado.

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