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Un corazón en adoración al Rey

Predicas Cristianas:

Texto: Mateo 16:13-20 y Mateo 26:6-13

Introducción:

A veces pronunciamos palabras y por el mucho uso las vamos desvirtuando, una de esas palabras es honrar, cuando decimos honrar, respetar y amar a Dios, eso equivale a que mi vida, la cual es eterna (aunque hoy está encapsulado en tiempo, horas, minutos, meses, días y en años) está para manifestar adoración y honrar a nuestro Señor.

1. Un lugar de prominencia

Cuando nos reunimos como iglesia en un lugar como este (C.F.N) es únicamente para honrar y alabar al Señor y para ser entrenados en la visión y misión, soy un ser eterno pero encapsulado y limitado en tiempo, entonces ¿cuál es mi forma de adorar a Dios? La calidad de mi tiempo, la calidad de mi adoración, la calidad de mi honra a Dios debe ser lo que caracterice mi adoración.

Por eso, para el momento de nuestras reuniones, en el tiempo que dedicamos para honrarlo a Él, no debemos llegar tarde, y abrazar el pensamiento de que no sólo llegamos a escuchar la palabra, sino que es el momento de honrarlo y adorarlo a Él con todo lo que hacemos.

Las oraciones, las canciones, las alabanzas espontáneas, los aplausos, las confesiones, las ofrendas, el recibir la palabra con atención y reverencia y disposición de amoldar mi vida a sus enseñanzas, el momento de adorarlo, debe ser el mejor tiempo, la mejor hora, la mejor motivación para dar lo mejor de mi ser para Dios.

Cuando Jesús llamó a sus discípulos en los primeros tiempos, todos estaban entusiasmados, fascinados, encandilados, puestos bajo la unción que Jesús poseía ¿No cree Ud. que para ellos representaba un honor y un gran privilegio ser elegidos por el Señor para realizar tan importante obra?

Caminar con El, mirar de cerca los milagros, ser protagonistas de cosas no antes vistas, poder estar en los escenarios que profetas de tiempo atrás sólo habían saludado y murieron sin verlo manifiesto, los apóstoles estuvieron con El, y fueron testigos, caminaron con el Mesías, el Dios encarnado, Jesucristo.

Pudieron comer con El, dormir donde El dormía, caminar, reír, hablar, sentarse a sus pies, mirarlo como actuaba, como hablaba ante las situaciones, sus respuestas sabias ante cualquier situación, seguramente ellos dijeron: Esto es lo máximo que me pasó a mí, lo mejor que me puede pasar, poder estar con el Mesías prometido.

Por eso vemos que en una oportunidad Jesús pregunta a sus discípulos: ¿Quién dicen los hombres que es el hijo del hombre? Entonces responde Pedro: Tú eres el Cristo, el hijo del Dios viviente, este fue un momento glorioso y extraordinario, la revelación a Pedro por el Espíritu de quién era el hijo del hombre, la poderosa declaración emitida por Pedro dónde se fundamentaría la iglesia de Cristo y la alta estima, respeto y horna que tenían sus discípulos para con Jesús.

2. El alto valor de su presencia

Con el pasar del tiempo, el estar siempre juntos, en ocasiones nos hace desestimar el alto valor que tiene Jesús, tres años más tarde los discípulos se acostumbraron a tenerle cerca, a hablar con Él, se cansaron de verlo hacer milagros, se cansaron de ver gente sanarse por su poder, se cansaron de ver multitudes, tanto que llegaron a mirarlo como el chico bueno, el hermano mayor.

Se acostumbraron tanto a estar con El que ya no lo honraban, Jesús estaba ahí con sus pies sucios, necesitando ser ministrado por sus discípulos, pero ellos ya no hacían trabajos de esclavos, ellos ya no estaban con El para eso, había cosas más importantes, según ellos, que hacer.

Cada uno estaba concentrado en sus propias cosas, unos tenían mucho cansancio, el otro estaba pendiente de contar el dinero, otros discutían quién sería mayor, tres años más tarde se acostumbraron tanto a Él, que los cargos eran más importantes que quien se los asignó.

De repente entra en escena una desconocida que no pertenecía al círculo íntimo del Señor, y hace lo que ellos nunca debieron dejar de hacer, postrada a los pies del Señor, derrama todos los ahorros de su vida en un perfume costosísimo y enjuaga sus pies con lágrimas y los seca con sus cabellos.

Esto creó confusión entre los apóstoles, porque alguien quien no era de ellos se atrevió a romper con los temores y se postró, honró y adoró al Maestro; algo a lo que ellos se habían desacostumbrado, ya no lo adoraban ni le mostraban su amor como antes, los apóstoles fueron cambiando las cosas buenas.

Y la costumbre de verlo les hizo perder de vista que a quien servían era nada más y nada menos que al Creador de los cielos y de la tierra, eso mismo nos puede pasar a nosotros, lo que era motivo de gozo y alegría en un momento, puede tornarse en un fastidio, el gozo de servirle a El se transforma en una carga, comienzan a saltar las excusas de no tener tiempo, no poder, posponer, evadir.

Las cosas buenas a veces se nos convierten en aquello que opaca nuestra adoración al Rey, con el tiempo la fuerza de la costumbre se vuelve mayor que la honra al Rey, por eso vemos gente presentando tantas excusas cuando se le pide dar cuenta de sus responsabilidades; llegada tarde o no asistir a los servicios, entrega tarde de reportes, llegada tarde al discipulado, al trabajo, una cita, una reunión.

El hacer cosas buenas a veces nos agotan tanto que no nos quedan fuerzas para adorarlo, no te canses nunca de adorarlo a Él, no desperdicies ni pierdas el momento de honrarlo y adorarlo, porque adorarlo siempre va a ser ganancia para ti, todo lo que hacemos para El es bueno, casas de paz, tomar el mercado, células y todo lo demás, pero Él sigue siendo más importante que todas las cosas.

Acerca DanielT

Mi nombre es Daniel Tomas y hace más de 35 años sirvo al Señor. He asumido el compromiso de serle fiel cada día de mi vida y de sembrar mi corazón y ministerio en Su presencia y así llevar mucho fruto. Junto con toda mi familia en enero del año 1994 vinimos a Bariloche a servir en la Iglesia Catedral Familiar, de la Unión de las Asambleas de Dios, ministerio el cual amamos y donde Dios nos trajo para así alcanzar Su sueño, que es ver a esta ciudad y pueblos aledaños rendidos a los pies de Jesús.

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