Evangelio de Hoy - Cuando la debilidad es una fortaleza

Cuando la debilidad es una fortaleza

Prédicas Cristianas

Esto me hace pensar que no ha sido extraño que hombres con una profundidad espiritual, hayan tenido que sufrir de algo que los ha mantenido quebrantados. Se cuentan por miles los que han padecido de penosas enfermedades, como el caso de Spurgeon, a quien sus biógrafos describen con grandes enfermedades desde los 35 años.

Entre otras cosas, sufría de la gota, de neuralgia y de reumatismo. Todas estas eran dolencias extremadamente dolorosas. Observe que en este pasaje, Pablo aparece en un momento caminando en lugares celestiales y de repente lo encontramos en lugares muy terrenales.

Él dijo: “Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera…”. No se sabe cuál era el aguijón que sufría, pero lo describe como un “mensajero de Satanás”. Las debilidades tienen la misión de revelarnos la espina de la carne para depender más del Maestro. La debilidad me mantiene controlado.

2. Oración no contestada (vers. 8).

Hay debilidades en nuestras vidas que en no pocas ocasiones nos conducen a estados de quebrantamiento y, en algunos casos, hasta de desesperación. Por seguro le hemos pedido al Señor que las quite de nuestra vida, pero nos damos cuenta que ellas siguen en nosotros. ¿Cuál es el propósito?

El testimonio de Pablo nos ayuda a entender para qué Dios permite un “aguijón”.

Respecto a su caso, le había pedido a Dios tres veces que lo quitara, pues lo abofeteaba, pero la divina respuesta fue esta: “Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad”. Pablo nos revela cuál fue el método que Dios asumió para mantenerlo humilde y para evitar que se exaltara desmedidamente por las visiones y revelaciones que tenía. ¿Qué habría hecho usted?

No se nos dice cuál era ese aguijón en la carne, si era una gran enfermedad o una tentación inmensa. La buena noticia es que Dios suele sacar bueno de lo malo para que nos protejamos del orgullo. Si Dios nos ama, no permitirá que nos exaltemos desmedidamente.

Lo que Dios permite está ordenado para curar el orgullo espiritual. Observe de dónde vino el “mensajero”, pero Dios lo usó y lo venció para bien. Alguien ha dicho que: “La oración es un ungüento para toda llaga, remedio para toda enfermedad, y cuando estamos afligidos con aguijones en la carne, debemos entregarnos a la oración”. Dios conoce tu aguijón.

III. LA DEBILIDAD ES MI FORTALEZA PORQUE ELLA ME MUESTRA LA SUFICIENCIA DE LA GRACIA

1. “Bástate mi gracia” (vers. 9).

Me gusta este versículo. Para el creyente que batalla con sus debilidades, el mejor recurso que tiene del cielo es la gracia divina. Nada supera la gracia de Dios. Por ella no solo somos salvos, sino que somos sostenidos en nuestro peregrinaje terrenal. La gracia es suficiente no importa cuál sea nuestra condición.

No es lo mismo sufrir en nuestros propios esfuerzos que sufrir acompañados de la gracia. Pero también este texto nos dice, que en esa parte donde soy débil, el poder de Dios se “perfecciona en la debilidad”. ¿No es maravilloso esto? Pudieran haber otros “poderes” que agarran cuerpo en nuestras debilidades, pero que contemos con el poder de Dios haciendo su obra, hasta utilizarnos poderosamente, es una bendición inexplicable. Paradójicamente el Señor necesita más de nuestra flaqueza que de nuestra potencia. ¿Por qué razón?

Porque nuestra potencia pudiera convertirse más bien en su rival. Dios quebrantó la fortaleza de Jacob, para que dependiera solo de Dios (Génesis 32:22-30). La gracia, pues, es suficiente para iluminarnos y vivificarnos, suficiente para fortalecernos y consolarnos en todas las aflicciones y angustias.

Donde somos débiles, su poder se perfecciona.

Así que si usted reconoce sus debilidades e imperfecciones, dejará que la gracia se manifiesta y magnifica. Porque cuando somos débiles en nosotros mismos, es cuando llegamos a ser fuertes por la gracia de nuestro Señor Jesucristo. No importa cuán débil soy, su gracia me es suficiente.

2. El poder que reposa en mí (vers. 10).

Hay mucha gente en cuyas vidas reposan otros poderes. De hecho, en algunos reposa el poder de alguna inclinación pecaminosa. En otros reposa el poder de la ambición, de la fama, del prestigio etc. Pero hay una gran diferencia cuando al buscar en mi interior descubro que en mi reposa el poder de Cristo.

Esto quiere decir que el Señor es suficiente para mí. Significa que con Cristo no necesito de nada ni nadie más. Pablo ha dicho que frente a sus debilidades, le basta la gracia de Dios. Pero ahora ha dicho, que frente a sus debilidades reposa el poder de Cristo. Aquí hay algo maravilloso. Si el poder del Señor es el que reposa en mí, entonces, cuando soy débil, llego a ser más fuerte.

Fue el mismo Pablo quien al hablar de sus debilidades nos ha recordado que: “Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros…” (2 Corintios 4:7). La palabra “reposar” tiene que ver con “morar en una tienda”. Jesús hizo morada en el mundo según Juan 1:14. Pues de igual manera, ahora ha hecho morada con su poder en nuestros corazones.

IV. LA DEBILIDAD ES MI FORTALEZA POR EL FELIZ RESULTADO AL QUE SOY CONDUCIDO

1. Débil para el mundo (vers. 10).

La filosofía del mundo no es el ser débil sino fuerte. Olvídese que el mundo quiera saber algo de los débiles. Todos los hombres buscan ser fuertes, poderosos, como si con esto les permitiera estar por encima de los problemas. Por qué cree usted que los gobiernos prefieren tener a su pueblo en la ignorancia, en la necesidad, sin un interés real para sacarlo de la pobrezao el engaño.

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