Danos hoy el pan nuestro de cada día

Prédicas Cristianas

II. QUE HAY UN DÍA A LA VEZ PARA NUESTRO SUSTENTO

1. La petición por el pan.

El pan era el alimento básico de la dieta judía. Por supuesto que esto no significa que ellos no podían pedir por el pescado, el cordero y todo lo que se puede acompañar con el pan. Dios quiere suplirme lo básico, luego él se encargará, según sus “riquezas en gloria”, de darme para lo demás.

Por otro lado, el asunto de pedir solo por el “pan nuestro”, no promociona una especie de ascetismo donde la persona se abstenga del resto de las demás cosas buenas que el mismo Padre ha provisto para sus hijos. El sentido de esta oración es que si Dios suple lo básico, también suplirá lo otro.

Yo no tengo que recordarle al Señor que además del pan debe proveernos del pollo, la carne, el arroz, los vegetales, los frijoles y las frutas. Dios no necesita esa información. Vea cómo en el desierto, donde no hubo otro alimento, Dios proveyó del maná que lo comieron los adultos, los jóvenes y los niños, y ninguno de ellos se enfermó, ni sufrieron de colesterol alto o de azúcar en la sangre. No hubo problemas de desnutrición en el desierto. Vea cómo la palabra testifica al respecto (Deuteronomio 8:4). Se destaca acá que el maná era un tipo de Cristo, quien llegaría a ser el “pan de vida” que todo lo suple.

2. El pan para hoy.

Te pedimos el pan para hoy. No pedimos para las próximas horas, días o semanas. Cada día pides lo mismo. Todo esto para descartar mi preocupación por el mañana. Cuando Dios sacó a Israel de Egipto al desierto, el pueblo sabía que allí no había donde cultivar, donde pescar, donde ir de compras… allí no había donde comer.

No había restaurantes. Dios le dijo a Moisés que tenía dos millones de personas que alimentar (y les gustaba comer mucho, visto por las quejas por regresar a Egipto), a quienes sostendría con el maná. Pero la porción que yo les enviaré será solo para un día. No deben acumular pan para mañana porque se dañará.

Y el pan llegó, y los más hambrientos acumularon para el día siguiente, y entonces se pudrió, se llenó de gusanos y después apestaba. Al hacer esto le estaban diciendo a Dios que no estaban seguros de su provisión futura. Esto revela las veces que podemos estar viviendo del pan del día anterior, rancio y mohoso.

Necesitamos del pan fresco de cada día.

Cuando me preocupo más por el mañana invierto el orden de mis prioridades al orar. Mi interés debe ser por el día de hoy. Así, pues, si Dios alimentó a tanta gente durante cuarenta años, lo hará con nosotros también.

3. El pan de cada día.

En el original esta es una sola palabra. Esta fue la palabra que volvió loco a los estudiosos en el pasado, incluyendo a los griegos. Simplemente no aparece en ninguna otra parte, sino en esta sección del Padre nuestro. No hay otro documento donde pueda ser hallada. ¿No es esto curioso? Entonces el dilema para muchos fue, cómo debiera ser traducida la palabra “cada día”.

Vea lo que sucedió. En el siglo XIX apareció un papiro, y el mismo contenía una lista de alimentos para ir hacer un mercado. Exactamente lo que hacen las amas de casa cuando van de compra. Pues allí, en ese papiro, apareció la palabra que había dado tantos dolores de cabeza. Cuando esto se descubrió, entonces los estudiosos del texto entendieron que esa palabra era una referencia a un mercado diario. Era la lista del día, no más.

Las distintas versiones enfatizan la idea que te estamos pidiendo el pan nuestro para hoy, no para mañana. Esta es una oración de confianza, con esta traducción: “Danos día a día las cosas que son necesarias para la vida.” No es una petición a Dios para que cumpla con las necesidades que aún no han surgido. Es una expresión de fe en Dios que dice: “Creo que vas a cuidar de mí un día a la vez.” Amén.

III. QUE HAY OTROS QUE DEBEN SER INCLUIDOS EN ESTE SUSTENTO

1. De lo personal a lo colectivo.

El judío era muy dado a orar de una forma individual. Si ellos tuvieran que hacer la oración modelo que Jesús nos está enseñando, orarían: “Dame el pan mío hoy”. Pero la oración dice: “Danos hoy el pan nuestro…”. Esto le da un duro golpe a esta sociedad tan individual y personalista. La sociedad occidental lleva consigo la marca del aislamiento. Sin embargo, no ha sido así en la sociedad oriental.

Todavía hoy se conserva el sentido comunitario, donde a todos se les atiende y se toman en cuenta las familias, buscando que ellas permanezcan unidas. La idea de esta petición es que al orar podamos pedir por el pan nuestro de toda la comunidad. La verdad es que esta palabra “nuestro” está muy lejos de nosotros cuando oramos. Piensa por un momento. Suponga que usted no tiene trabajo. Por seguro que en su oración usted le ruega al Señor que le dé un trabajo.

Pero, ¿se acordó que habrá unos cuantos hermanos que están en la misma condición que la suya? ¿Le pidió al Señor por ellos? Vea otro ejemplo. Usted tiene una enfermedad que lo agobia. En su oración usted clama de día y de noche por sanidad. ¿Se acordó que habrá otros hermanos en su misma condición? ¿Cómo oramos?

2. No es lo tuyo o lo mío, es lo nuestro.

Tenemos que orar de una manera más comunitaria. No es solo tú necesidad, son nuestras necesidades. Hay una marcada tendencia a orar por nosotros. Hay oraciones que tienen mucho de egoísmo. Primero oro por mí, luego sigo orando conmigo, y termino dándole gracias a Dios por mí. Al orar hay que hacerlo incluyendo a otros. Observe cómo esta petición se destacan las palabras “nos” y “nuestro.” Esto no es una oración que se puede orar egoístamente.

No se trata sólo de conseguir “mis” necesidades satisfechas. Se trata de orar por las necesidades de la familia de Dios. La Biblia presenta un gran interés en envolver a nuestros hermanos y hermanas en nuestra vida e oración.

Pablo nos pide que no miremos tanto por nosotros mismos, sino que pensemos en los demás (Filipenses 2:4). Cuando hay un hermano en gran necesidad, o que le ha fallado al Señor, se nos exhorta a “sobrellevad las cardas los unos de los otros” (Gálatas 6:2). Y cuando estemos pensando más en nosotros, y satisfacer siempre nuestros deseos, el texto nos exhorta, diciendo: “Ninguno busque su propio bien, sino el del otro” (1 Corintios 10:24). ¿Oramos también por el pan de los demás? ¿Estoy aprendiendo a orar?

CONCLUSIÓN:

Alguien le preguntó una vez al muy famoso predicador inglés Juan Wesley lo siguiente: “Suponga que usted supo que esta sería la última noche de su vida, ¿cómo la pasaría?”. “Bueno, a las cuatro en punto me tomaría un poco de té”, respondió, “a las seis visitaría a Mrs. Brown en el hospital. Luego, a las siete y media llevaría el servicio que acostumbro a mitad de semana en la capilla. A las nueve y diez tendría mi cena; a las diez iría a la cama, y por la mañana me despertaré en la gloria”.

Y usted, ¿cómo lo pasaría? Esto significa vivir un día a la vez. Jesús nos ha enseñado a orar: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”. No el de mañana, ni el de la próxima semana. Se nos prohíbe afanarnos por el día de mañana que no ha llegado.

Nuestro Dios es suficiente para suplirnos hoy. Cada día debo tener la seguridad que el Dios que suplió ayer, lo hará hoy. La promesa bíblica es firme: “No he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendiga pan” (Salmo 37:25). Jesucristo es aquel “maná” del desierto. Satisfaga con él, el hambre de hoy. Él es el “pan de vida”. Venga a él y sacie su hambre hoy.

© Julio Ruiz. Todos los derechos reservados.

El Evangelio de Hoy.. Predicas Cristianas

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