Evangelio de Hoy.. Predicas Cristianas

Un encuentro, una acción

Predicas Cristianas

Evangelio de Hoy

Evangelio de Hoy Lectura Biblica: Marcos 10 46:52; Lucas 19:1-10

Introducción

Quizás usted ha leído y escuchado de estas historias muchas veces, quizás no. Sin embargo, quisiera compartir con usted acerca de tres personajes con situaciones y vidas totalmente diferentes pero con algo muy importante en común.

Permítame relatarle un poco, en las afueras de la ciudad de Jericó se encuentra el primer personaje, Bartimeo hijo de Timeo. Un ciego que mendingaba junto al camino, se encontraba bajo una difícil condición de vida en ese momento. Vivía en pobreza, quizás sufría de abandono familiar, rechazo social, hambre y necesidad.

Bartimeo no era ciego de nacimiento, y no sabemos cómo perdió la vista, lo que sí se puede deducir es que ese hecho cambió su vida por completo, hasta el punto de llevarlo a pedir ayuda junto al camino en las afueras de la ciudad, seguramente con recuerdos de su vida antes del momento de esa tragedia.

Zaqueo

El otro personaje del día de hoy, se encuentra un poco más adelante, dentro de la ciudad de Jericó. Este era un hombre muy rico, jefe de todos los publicanos (así se llamaban los recaudadores de impuestos en aquella época). Su nombre era Zaqueo, este a diferencia de Bartimeo no tenía necesidades físicas o sociales aparentemente. Su necesidad iba más allá, era Espiritual.

Quizás usted se pregunte, como estos personajes, con vida tan distintas podrían llegar a tener algo en común, pareciese que lo único en común es la ciudad de Jericó. Pero no es así, se trataba de quien pasaba por la ciudad. Era el hombre del momento, de quien todos hablaban (sea que hablasen bien o mal), quien dividía opiniones, quien curaba cojos, leprosos, ciegos, enfermos y quien decía ser y en efecto es el Hijo de Dios. Su fama se extendía por todas las ciudades, y nuestros personajes también habían oído de él. Probablemente usted también, su nombre es Jesús.

Una gran multitud se escuchaba venir

Se escuchaba voces, gritos, alegría y murmullos. Un gran alboroto por el camino, sin duda alguna ¡alguien importante se aproximaba! Bartimeo, al oír este alboroto pregunta ¿quién se acerca? Entre la multitud alguien le responde: “Jesús de Nazaret está pasando por aquí” (Evangelio de Lucas 18:35).

Sin lugar a dudas algo empezó a suceder en la vida de este hombre. Su espíritu se estremeció, su alma se regocijó y una esperanza nacía en su corazón. Sin embargo, lo importante de esta historia no es lo que él sintió en su interior, sino lo que hizo. Él confeso con todas sus fuerzas las palabras más importantes de su vida: “!!Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!” (Evangelio de Lucas 18:38). Pero esta gran verdad que él clamaba a gran voz  parecía no ser oída. Simplemente había mucha gente, mucho ruido, mucho alboroto. Y no bastando con eso, las personas de alrededor lo mandaban a callar.

Zaqueo quería verlo

Por otra parte a Zaqueo, el rico,  que por cierto era de baja estatura, también se encontró con algo muy similar. Una gran multitud, precedía a Jesús que venía atravesando por la ciudad.

Zaqueo quería verlo, tenía un gran deseo de conocer a Jesús, pero tenía un gran impedimento para lograr verlo o hablar con él. Era tan pequeño que entre la multitud no alcanzaba a verlo. Sin embargo, esta historia tampoco se trata de lo que le impedía sino de lo que hizo. Él actuó a pesar de sus impedimentos, sin dudarlo corrió adelantando a la multitud. Se subió a un árbol grande y frondoso (Árbol de sicómoro) por donde sabía que pasaría Jesús, y allí esperó que Él pasara.

Bartimeo quería ser sanado

Volviendo a la historia de Bartimeo, él exclamaba con todas sus fuerzas: “!!Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí”! (Evangelio de Lucas 18:38). Las personas a su alrededor le pedían que se callase, sin embargo de entre la multitud la persona más importante le escuchaba.

Jesús, aquel que podía cambiar su vida, sanar su enfermedad y más importante, salvar su alma. Jesús conocía  de antemano la fe de Bartimeo. Conocía su necesidad, pero de igual manera le pregunta,  “¿Qué quieres que haga por ti?” (Evangelio de Lucas 18:40), Bartimeo responde: “Maestro, que recobre la vista.” (Evangelio de Marcos 10:51). Solicitud que Jesús con su gran amor que todo lo llena responde: “Vete, tu fe te ha salvado.” (Evangelio de Marcos 10:52).

Lo que Zaqueo nunca se imagino

Por su lado, Zaqueo desde el árbol veía venir a Jesús quien se dirige directamente hacia él y le dice: Zaqueo, baja en seguida. Tengo que quedarme hoy en tu casa.” (Evangelio de Lucas 19:5). Jamás pensó Zaqueo que esto iba a suceder. Aquel esfuerzo que realizó para conocer al Maestro ahora  daba resultado. ¡Podrá conocer al Maestro! ¿Pero cuál era el motivo en particular por el que Zaqueo quería conocerlo?

Zaqueo tenía reputación de corrupto en su trabajo (jefe de recaudadores de impuesto). Incluso muchas personas al ver  que Jesús estaba con él murmuraban: “Ha ido a hospedarse con un pecador.” (Evangelio de Lucas 19:7). Sin embargo a pesar de lo que se murmuraba, (fuese cierto o no), esa noche llegó la salvación a su casa. Quien se había perdido fue hallado. Pero, ¿qué originó eso?

He aquí la confesión realizada: “Mira, Señor: Ahora mismo voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes, y si en algo he defraudado a alguien, le devolveré cuatro veces la cantidad que sea.” (Evangelio de Lucas 19:8). Zaqueo reconoció a Jesús como Señor y mostró su arrepentimiento en el cambio de su comportamiento al prometer a devolver con creces los posibles fraudes y dando la mitad de sus bienes a los pobres.

Conclusión

La vida de estos dos personajes cambiaron totalmente. Ellos encontraron la salvación en Jesús, sus almas fueron salvadas y sus necesidades cubiertas. La encontraron a través de su Fe en Jesús, pero más allá de solo creer. Ellos decidieron actuar en pos de sus convicciones, sin importar lo adversa de la  situación en la que ellos se encontraban dieron un paso de Fe. Zaqueo y Bartimeo actuaron.

Le hable de tres personajes y el tercero de ello se trata de usted querido amigo. Hoy Jesús está cruzándose en el camino de su vida. El Salvador ha llegado hoy y está atento a que su fe lo lleve a actuar. Bartimeo exclamaba a gran voz lo que creía, y recobro su vista. Zaqueo trepó a un árbol y la salvación llegó a él y a su casa.

Quizás usted está pasando por dificultades familiares, de salud o en el trabajo. Pero permítame decirle que para Dios no hay nada imposible. Él puede transformar su vida por completo, su lamento en canto, sus lágrimas en sonrisas.

La necesidad en su vida puede ser saciada, y su corazón transformado mediante el poder de Jesucristo en usted, solo debe creer y actuar. ¿Qué hará usted? ¿Cuál será su historia con Jesús? ¿Le dejará pasar de largo sin usted aprovechar la ocasión o creerá y actuará para salvación de su alma y transformación de su vida?

© Francisco Hernández. Todos los derechos reservados.

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