Jesucristo - Sufrimiento en primavera

Jesucristo – Sufrimiento en primavera

Predicas Cristianas

Predicas Cristianas

Muerte de Cristo: Isaías 53:7-9

INTRODUCCIÓN:

La llegada de la primavera siempre es el tiempo esperado por todos. La forma cómo se visten los árboles, llenando todos los espacios con sus espectaculares colores, con su variedad de flores, nos dan una nota de alegría y un anuncio que ha llegado esta época.

La primavera nos impulsa a las salidas para el compañerismo fuera de casa. Pronto vemos a nuestros niños felices recreándose con la naturaleza. Este es el tiempo para las caminatas, el ciclismo, y todo un sin fin de oportunidades que nos ofrece esta hermosa estación del año. Entonces, ¿cómo pensar que haya sufrimiento en primavera? ¿Cómo asociar una época de gozo con el dolor?

Pues mis amados, eso fue lo que pasó con la primavera de hace más de dos mil años atrás. Las flores de ese tiempo fueron salpicadas por la sangre del inocente Hijo de Dios, del Cordero pascual, del Siervo sufriente. Los cantos de las aves fueron silenciados cuando escucharon el grito del dolor que salía del monte del sacrificio.

La brisa fresca de aquella tarde fue interrumpida por densas nubes negras que oscurecieron el horizonte por unas tres horas. La alegría de la gente se convirtió en un temor colectivo, tanto que todos corrían por las cosas que estaban pasando de aquella tarde.

Dolor en aquella primavera

Si, ciertamente hubo dolor en aquella primavera. Las primaveras que vendrían después solo serían para que recordáramos que el Padre celestial quebrantó a su Hijo en ese tiempo, y que lo que allí pasó no ha habido otra época ni la habrá para que la recordemos. Isaías profetizó aquel tiempo.

El Padre celestial tenía la época y la hora cuando todo sucedería. Nos hará bien develar la profecía de Isaías en torno a lo que él escribió, 700 años antes que se cumpliera, en la persona de nuestro muy amado Cristo. Qué fue lo que Dios hizo en aquella primavera.

I. ESTA PROFECÍA NOS REVELA UN DESGARRADOR SUFRIMIENTO

1. Tenemos a un cordero angustiado (vers. 7a).

La angustia profetizada que experimentaría el salvador no encaja en la vida de la oveja que iba a ser sacrificada. Pues como animal al fin, es inocente y no sufría previo a la muerte. La palabra “oprimido” se usa con más frecuencia en el Antiguo Testamento sobre todo cuando fue aplicada para el trato inhumando al que fueron sometidos los esclavos miserables del pueblo del Señor en Egipto.

Le exigieron que hicieran ladrillos sin paja, y los azotaban para que terminan el trabajo. Los presionan con fuerza trayendo una terrible sensación de presión, carga, estrés, tensión y opresión, tanto así, que Dios vio su dolor y decidió liberarlos (Éxodo 3:7-9).

Así Jesucristo experimentó un dolor desgarrador porque sus enemigos lo acosaron, lo capturaron y lo atormentaron sin que el Padre celestial descendiera para librarlo. Cristo fue angustiado y por no tener pecado el sufrimiento fue mayor.

La angustia humana nos conmueve y por eso venimos a socorrer a esos que pasan por un dolor, una tristeza o una enfermedad. Sin embargo, nadie socorrió a Jesús. La de él fue la más oscura y espantosa angustia que alguien haya tenido.

2. Tenemos a un cordero afligido (vers. 7b).

De todas las sensaciones humanas, la aflicción forma parte del sufrimiento del alma. Un dolor físico es aliviado por algún calmante o alguna medicina, pero la aflicción del alma llega hasta el extremo del abatimiento (Salmo 42).

La humanidad de la Segunda persona de la Trinidad es puesta en evidencia por la forma cómo el profeta describe al llamado “siervo sufrimiento” que lo viene presentando desde el capítulo 52 de su libro. ¿Por qué aquella primavera estuvo marchita?

La noche previa al fatídico día de la crucifixión Jesucristo dijo estas palabras: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo» (Mateo 26:38). Les pidió a sus discípulos que lo acompañaran, pero ellos se durmieron. Oró tres veces pidiendo al Padre que lo librara de aquella terrible aflicción, pero no encontró respuesta.

Lucas, como médico al fin, describe aquella noche lúgubre y silenciosa, donde él oraba en agonía con más intensidad y que de su cuerpo salía como grandes gotas de sangre (Lucas 22:44). Las flores del jardín fueron marchitadas por su sangre. Ninguna aflicción que tengamos hoy será comparada a la que vivió nuestro salvador.

3. Tenemos a un cordero callado (vers. 7c).

La figura de la oveja muda delante de sus degolladores es elocuente en la manera cómo el profeta describe a Jesucristo delante de sus matones. Una de las cosas que asombra de Jesucristo en el proceso de su muerte fue su silencio. Todos los que iban a la cruz no dejaban de hablar en los momentos previos a la crucifixión.

Las palabras de maldición que proferían eran notorias en aquellas escenas de horror y espanto. Pero aquí tenemos a un hombre callado frente a sus verdugos. No habló delante de los hombres, pero si lo hizo desde la cruz. Su respuesta de silencio, paciencia y aceptación dejó a los hombres en suspenso, mientras lo enjuiciaban.

En la casa de Caifás cuando Jesucristo fue acusado por testigos falsos, Jesucristo permaneció en silencio (Mateo 26:62-63). Temprano en la mañana fue presentado ante Pilato, en el cuartel general de Roma, Jesucristo no respondió contra todos los cargos que le acusaban (Marcos15:4-5). Pilato lo envió a Herodes con el fin de congraciarse con él y Jesucristo tampoco habló (Lucas 23:9). El silencio de Jesucristo delante de sus enemigos es el asunto más conmovedor del momento. Su silencio reveló su inocencia.

II. ESTA PROFECÍA NOS REVELA EL JUICIO MÁS INJUSTO

1. Camino al Matadero (vers. 7d)

Una de las figuras que podemos recordar acerca de una oveja yendo al matadero es la escena de Abraham con su hijo Isaac en su camino al monte Moriah. Abraham conocía muy bien lo que era matar una oveja para dedicársela al Señor. Sabía que no era cualquier oveja para el sacrificio. También conocía los implementos y el ritual para presentar el holocausto.

La oveja tenía que ser atada y dejar el cuello libre. El cuchillo tenía que estar muy afilado, tanto para degollar al animal como para descuartizarlo y separar sus partes para el sacrificio. La leña era escogida y el altar debería ser levantado. Cuando el padre y el hijo iban juntos a ofrecer el sacrificio, Isaías hizo la pregunta de rigor: “He aquí el fuego y la leña; más donde está el cordero para el holocausto” (Génesis 22:7).

La profecía de Isaías muestra que Jesús, el Cordero de Dios, iba a ser llevado al matadero. Hasta que llegó el momento de su ejecución, Él fue amarrado. Jesucristo estuvo delante de sus ejecutores. Él vio el rostro de todos los que se regocijaron con su muerte. Jesucristo no ofreció resistencia ante los hombres que cumplirían Su muerte. Ahora se levantará el cuchillo de la ejecución.