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La humildad

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LA HUMILDAD ELEMENTO INDISPENSABLE PARA DESARROLLAR UN DON MINISTERIAL

Humildad del griego “Tepeino” dícese de lo que no se levanta de la tierra, de allí la actitud del judío para adorar en humillación, se tiraba en tierra hasta poner el rostro sobre la arena o el terreno donde se encontraba.

La humildad es producto del quebrantamiento (Filipenses 2:5-8) y nos conduce a la obediencia, (Filipenses 2:8) y nos hace aceptos del favor o de la gracia de Dios (Proverbios 3:34; Isaías 57:15; Santiago 4:61ª Pedro 5:5).

Humildad es cuando entendemos que todo lo que hemos logrado hacer en la obra de Dios y en su voluntad fue posible porque Él está con nosotros.

Humildad es fruto del conocimiento que uno adquiere de la incapacidad, debilidad, e impotencia para realizar la obra de Dios, es el ver la necesidad que se tiene de Dios y de su gracia.

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Muchas veces hacemos del Ministerio una etiqueta ministerial y nos olvidamos como comenzamos y de dónde Dios nos sacó y caemos en el terreno de Nabucodonosor, en la arrogancia, la prepotencia, la altivez. Daniel 4:24.

Debemos tomar en cuenta que la expresión Ministro del griego tiene varios términos con diferentes significados, y uno de ellos es: “Huperetes” que es un término compuesto. (Hupo= bajo- Erete= remero), que significa remeros de tercer grado.

Un barco tenía tres estaciones, la primera donde estaban los oficiales, lo que lleva por nombre el puente de mando, la segunda donde estaban los civiles, lo que lleva por nombre cubierta y la tercera estación es donde estaban los remeros, que lleva por nombre sentina o sótano.

Estos remeros llevaban por nombre ministros, eran los que se encargaban de remar el barco hasta la muerte, eran gentes condenadas por el gobierno romano para darla movilización a la embarcación cual fuera su destino. Éste es el término que se utiliza las Escrituras en algunas ocasiones para referirse a los Apóstoles como Ministros.

Tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron Ministros de la palabra. Lucas 1:2.

Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por Ministro. Hechos 26:16.

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Lo que muchos Ministros del Evangelio no han entendido es que como Ministros somos llamados a remar el barco del evangelio para que éste no se vaya a pique, somos en un sentido, el paño de lágrimas de la Iglesia, estamos al servicio de ella, por lo tanto mantengamos un espíritu de humildad y no hagamos del Ministerio una etiqueta Ministerial, somos llamados a servir.

Es tanta la prepotencia, la altivez, la arrogancia; que en la actualidad hay Ministros que no aceptan que los llames siervos, porque en su estatus donde ellos se han colocados se denominan apóstoles. Este no fue el pensamiento de Pablo. El Apóstol comenzaba sus cartas en algunas ocasiones con el calificativo de siervo y luego le agregaba el Apostolado. Citemos el pasaje.

  • Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser Apóstol, apartado para el evangelio de Dios,…” Romanos 1:1.
  • Pablo, siervo de Dios y apóstol de Jesucristo…” Tito 1:1; Filipenses 1:1.

Estas actitudes tan negativas en algunos Ministro, se dan por causa de la sed de prestigio, que manifiesta un aire de grandeza, y que de alguna forma no se quieren quedar atrás, y buscan la manera de estar en el escenario del Evangelio manteniendo la fama, auto llamándose apóstol.

La fama es relativo a la sed de prestigio, el ser aplaudido y reconocido. Alguien dijo, que la sed de prestigio es más tentadora que las riquezas mismas, que por igual te pueden desviar de la fe e impulsarte a cometer actos impuros con el fin de alcanzar el estrellato. La sed de prestigio es un principio satánico que viene del mismo infierno. La sed de prestigio te lleva a competir, codear, mal imponer, censurar, difamar; entre otras cosas con el fin de conseguir o mantener el estrellato.

El principio en el sistema del Reino de Dios es diferente. Jesús dijo: “El que quiera ser servido tiene que aprender a servir. El que quiere ser grande, tiene que hacerse pequeño”

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El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo. Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecidoMateo 23:11-12.

Hubo también entre ellos una disputa sobre quién de ellos sería el mayor. 25 Pero él les dijo: Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que sobre ellas tienen autoridad son llamados bienhechores; 26 mas no así vosotros, sino sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve. 27 Porque, ¿cuál es mayor en el Reino de Dios, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirveLucas 22:24-27.

Reitero la sed de prestigio es una influencia satánica que procede del mismo infierno. Por esta causa podemos ver el contraste que se dio en Jesús en comparación al maligno. Satanás sin ser Dios quiso ser igual a Dios, y Jesús siendo Dios no estimó el ser igual a Dios.

Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse,…” Filipenses 2:5-6.

Jamás Dios le confiara los recursos y valores del Reino a quien mantenga un aire de grandeza, y no entienda de una vez por todas que el don Ministerial que recibió de Él es para servir. Entiendo que como Ministros debemos ser honrados, pero por esta causa no debemos olvidar que antes de ser Ministros somos siervos del Señor.

Nadie en la tierra tenía todos los honores como para tener todos los cargos del mundo como la persona de Jesús, Él podía ser la quinta esencia del mundo, todos los poderes, los estatus, las posiciones, las herencias, los lugares de preeminencia, los reinados; le pertenecían, sin embargo prefirió el lugar de servicio pasando a ser siervo como el mismo se denominó. Tratemos por todos los medios de mantener el mismo sentir que hubo en Cristo Jesús, ser humilde, sencillos y mansos. Que se encargue Dios de llevarnos a la grandeza según sea su voluntad.

© José N. Briceño Aldana. Todos los derechos reservados.

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Acerca José N. Briceño Aldana

José N. Briceño Aldana
Ministerio de la enseñanza y la evangelización “Jesús soberano Señor” asociación civil sin fines de lucro, con personería jurídica, inscrito en el ministerio del poder popular para el interior y justicia, dirección de justicia y culto. Maestro: José N. Briceño Aldana. Director presidente.

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