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La gran bendición

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Predicas Cristianas Texto Biblico:  2 Samuel 6:1-13

Introducción

Todos deseamos que Dios nos bendiga en lo material, y nos preguntamos cómo hacer para que las bendiciones nos alcancen.

Otra cosa que nos preguntamos es por qué tardan las bendiciones en llegar si cumplimos con la Palabra de Dios, mientras hay quienes no buscan al Señor como nosotros lo hacemos, no están entregados, o incluso pecan. Pero con todo, obtienen bendiciones de Dios.

David reunió a los treinta mil escogidos de Israel y partió para traer el arca de Dios.

Recordemos que el arca era el lugar donde habitaba Dios, pues no era como ahora que tenemos la presencia del Espíritu Santo en nuestro interior a causa de que Jesús nos lo permitió con Su sacrificio. Fue por esto que dijo: “Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré” Juan 16:7.

Leíamos que el arca quedó en casa de Obed-edom, porque David la dejó allí después que el Señor castigó con la muerte a Uza por haber tocado el arca. Y aunque parece difícil entender el enojo de Dios; lo que nos está diciendo es que no debemos hacer cosas malas que parezcan buenas.

Y fue así que llevaron el Arca sobre un carro cuando el mandato era que solamente podía ser transportada por los escogidos, “porque muchos son llamados, mas pocos escogidosMateo 20:16.

Entonces vemos que este hombre, recibe la presencia de Dios en su casa y con ella, también las ricas bendiciones del Señor. Por otro lado, vemos que: “Vinieron los de Quiriat-jearim y llevaron el arca de Jehová, y la pusieron en casa de Abinadab, situada en el collado; y santificaron a Eleazar su hijo para que guardase el arca de Jehová. Desde el día que llegó el arca a Quiriat-jearim pasaron muchos días, veinte años; y toda la casa de Israel lamentaba en pos de Jehová” 1 Samuel 7:1-2.

Es decir que antes de llegar donde de Obed-edom, el Arca estuvo durante veinte años en casa de Abinadab. Los filisteos siendo enemigos, la dejaron allí luego de notar que les perjudicaba tenerla.

Aprendamos algo importante de ambas situaciones

Obed-edom le dio valor a la presencia de Dios en sólo tres meses. Mientras que Abinadab no obtuvo bendición teniéndola durante veinte años. Y relata la Biblia que la gente se acercaba lamentándose, adoraba a otros dioses, y cuando las cosas iban mal, se acercaban a Dios pidiendo misericordia.

A muchos cristianos le sucede lo mismo. Cometen errores y se acercan al Señor para que les haga un milagro, pero lo hacen con lamentos y tristeza. Y de esta manera no le agrada al Señor que nos acerquemos.

Debemos entender que definitivamente, la desobediencia y la mala actitud en el servicio al Señor no hacen descender las bendiciones. Cuando nos acercamos a Dios con tristeza y hacemos las cosas para Dios de mala gana, las bendiciones no descienden sobre nuestra vida.

Es importante que cuando te acerques a Dios no te lamentes por lo que estás dando. Por esto, “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre. Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra2 Corintios 9:7-8. Entonces debes buscarle con gozo a pesar de las dificultades, ya que esa es la actitud que le agrada.

Si queremos ser bendecidos primero debemos buscarle a Él.

Decíamos que Obed-edom actúo muy diferente a Abinadab. Él nunca se lamentó, y llamó a su familia y les compartió la gran bendición de gozar de la presencia de Dios sin preguntar qué tendría a cambio. Y cuando nos acercamos a Dios debe ser para pasar tiempo con Él sin esperar algo a cambio. La sanidad, prosperidad y gozo, llegan por añadidura (Mateo 6:33).

Si la bendición tarda, es porque hay algo en nuestro corazón que no está bien ante Su presencia. Como tampoco quiere que te acerques cuando le necesitas solamente. Sino que exista en ti el anhelo de encontrarlo y tenerlo junto a ti. No te acerques sólo por la bendición sino por buscarle a Él.

1 comentario sobre «La gran bendición»

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