La sabiduría: instrumento dado por Dios

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Predicas Cristianas

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Prédica de Hoy: La sabiduría: instrumento dado por Dios

Predicas Cristianas Texto Bíblico Principal: Lucas 21:15

Introducción

En nuestro bosquejo bíblico La sabiduría: su lugar en nuestra vida espiritual pudimos distinguir dos sentidos de la expresión ‘sabiduría’. Uno de ellos, según vimos, entendía la sabiduría como una destreza intelectual; el otro, como una cualidad de cierto tipo de comportamiento. 

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A lo largo de ese bosquejo, nos concentramos especialmente en el segundo de estos dos sentidos.  Exploramos, por ejemplo, el rol de este tipo de sabiduría en nuestros actos y en nuestra relación con Dios.  

Ahora centraremos nuestra atención en la sabiduría entendida como una cualidad del intelecto. Veremos que, aunque guarda ciertas diferencias con aquella encaminada a nutrir nuestra espiritualidad, proviene de Dios.  

I. La sabiduría como don para gobernar

Si la Biblia nos ofrece un modelo de hombre que supo gobernar con sabiduría, ese fue, sin duda alguna, Salomón. El alcance de su sabiduría era tal que traspasaba las fronteras de su reino.

En efecto, forasteros de todos los confines del mundo acudían a su corte para oír su inigualable sabiduría. Sin embargo, no se trataba en absoluto de una sabiduría con un origen desconocido; nada más lejos de la verdad. La fuente indubitable de esa sabiduría era precisamente Dios (Cf. 1 Reyes 10: 24).  

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Cierta historia relatada en el primer libro de los Reyes retrata la vasta sabiduría con la que Salomón procedía como rey. El relato nos dice que dos mujeres, que tenían por oficio la prostitución, se presentaron a su corte. 

Sobrecogida, una de ellas dijo al rey que, estando con la otra mujer en la misma casa, había dado a luz. Continuó refiriendo que tres días después, la otra mujer, bajo el mismo techo, también había engendrado. Salvo ellas dos, advirtió, nadie más se encontraba entonces dentro de la morada.  

Una noche, prosiguió ella, el hijo de la otra mujer murió, probablemente asfixiado, ya que ella, su madre, se había acostado encima de él. Muerto su hijo, la desconsolada madre, a la medianoche, se acercó a la otra mujer.

La vio durmiendo con su vástago, lo tomó y, en su lugar, puso el cuerpo del bebé fallecido. Al despertar, la presunta víctima del engaño, disponiéndose a amamantar a su criatura, se percató de que estaba muerto. Sin embargo, no tardó mucho en descubrir que el difunto niño no era en realidad su hijo. 

En ese punto, la mujer que había permanecido en silencio durante el testimonio de la otra, se pronunció.  Alterada y contrariando la declaración, señaló que era su hijo quien vivía y el de la otra mujer, el ya fallecido.

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Acto seguido, cada una de las dos mujeres empezó a tildar como totalmente falsa la versión de la otra. Tras haber escuchado a las dos mujeres y examinar la situación, Salomón pidió a sus siervos una espada. Dispuesta el arma, Salomón ordenó a sus súbditos partir al niño en dos y, después, dar a cada mujer una mitad. 

De repente, una de las mujeres, exclamando, rogó a Salomón no dar muerte al niño y entregárselo a la otra. Esta, por el contrario, con aire indiferente, se mostró de acuerdo con partir al bebé.

Entonces Salomón ordenó dejar con vida al infante y entregarlo a la mujer que imploraba por su vida. Advirtió que ella era realmente su madre. El veredicto de Salomón fue conocido en todo Israel, lo que infundió más respeto en su pueblo para con él (Cf. 1 Reyes 3: 16-28). 

La historia deja al descubierto, entre otras cosas, que Salomón era un gran conocedor de la naturaleza humana. En efecto, el haber logrado desencadenar una reacción desesperada como la de la verdadera madre claramente da cuenta de ello.

Su talante como monarca había sido puesto a prueba., pero sabiamente dirimió un problema en el seno mismo de su corte. Esa sabiduría, además, afianzó la admiración del pueblo hacia su rey, pero el principio de esa sabiduría era Dios. Como nos dice la Biblia: ‘… todo Israel oyó aquel juicio que había dado el rey; y temieron al rey, porque vieron que había en él sabiduría de Dios para juzgar.’ (1 de Reyes 3: 28). 

Muchos filósofos han intentado establecer las bases que presuntamente hacen posible el establecimiento de un gobierno exitoso. Pero el relato anterior nos enseña que un Estado justo depende en gran parte de la orientación de sus dirigentes. No nos referimos aquí a una orientación propiamente ideológica, sino, más bien, espiritual.

La agudeza de Salomón para resolver el caso descrito es una consecuencia de su relación con Dios. Con certeza, podríamos sostener que gran parte de las tormentas políticas de la historia han tenido como protagonistas figuras desprovistas de espiritualidad.  

II. La sabiduría como instrumento de la ciencia

La sabiduría de Salomón no solo se restringía al ámbito político, también brillaba de forma rutilante en el terreno de la ciencia. Su destreza en botánica, la ciencia que se ocupa del estudio de las plantas, era impresionante. Asimismo, dominaba la zoología, rama de la biología destinada al estudio de los animales.  

Partiendo del reconocimiento de Salomón como autor de los Proverbios, podemos comprobar sus conocimientos en la zoología de su tiempo:

El rastro del águila en el aire, el rastro de la culebra sobre la peña… Las hormigas, pueblo no fuerte, y en el verano preparan su comida’. Luego leemos ‘… los conejos, pueblo nada esforzado, y ponen su casa en la piedra; las langostas, que no tienen rey, y salen todas por cuadrillas…’. Más adelante ‘La araña que atrapas con la mano, Y está en palacios de rey. El león, fuerte entre todos los animales, Que no vuelve atrás por nada…’ (Proverbios 30:19-30).  

Todas estas descripciones son empleadas, a lo largo del capítulo, como analogías para ilustrar una enseñanza de carácter espiritual. Sin embargo, evidencian un alto nivel de observación sobre varios de los fenómenos que tienen lugar en el reino animal.

Solo podemos transmitir un mensaje de forma clara a través de una analogía cuando conocemos al detalle los elementos que asociamos por medio de ella. Efectivamente, la claridad lograda por Salomón en este caso se debe al hecho de que era alguien versado en zoología.  

Con todo, lo que aquí debemos resaltar es lo mismo que destacamos con relación a la sabiduría de Salomón como gobernante. Expliquémonos. La razón de ser de la sabiduría de Salomón como rey y como hombre de ciencia es la misma: Dios.

Antes de ilustrarnos la sorprendente proyección de la sabiduría de Salomón, nos dice el primer libro de los Reyes ‘Y Dios dio a Salomón sabiduría y prudencia muy grandes…’ (1 de Reyes 4:29). Así, no es de extrañar que, siendo el Creador del universo, Dios nos ilumine con sabiduría para entender su propia creación.  

III. La sabiduría como instrumento del ministerio de Dios 

Si contamos con el talento para ejercer un determinado oficio y lo cultivamos mediante nuestra relación con Dios, entonces lo orientaremos sabiamente. Además, si con este oficio podemos contribuir a servir en el ministerio del Señor, podremos impulsar la difusión de Su palabra.

Así sucedió cuando Jehová le encomendó a Moisés hablar con un grupo selecto para diseñar la indumentaria sacerdotal de Aaron. Este grupo, sin embargo, debía cumplir una condición muy puntual: gozar de un espíritu lleno de sabiduría.

Tal como nos lo ilustra la Biblia: ‘Y tú hablarás a todos los sabios de corazón, a quienes yo he llenado de espíritu de sabiduría, para que hagan las vestiduras de Aarón, para consagrarle para que sea mi sacerdote.’ (Éxodo 28:3).  

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