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Chispitas blancas

Evangelio de Hoy

Un día, cuando mis dos hijos mayores eran aún unos tiernos parvulitos.  Estando junto a ellos en aquellos días tan fríos de invierno en mi querido país Chile; comenzó un ruido ensordecedor. Era una tremenda granizada que irrumpió mientras, en nuestro comedor hacíamos expresiones de arte en cartulina y lápices de cer.

Los ojitos de ambos me miraron desorbitados y llenos de miedo. Natalia, como buena mujercita preguntó:  ¿Mami, qué es eso? Pablo, mas pequeñito aún estaba al borde de las lágrimas. Entonces los mire con los ojos grandes también y una enorme sonrisa en la cara para darles una sensación de alegría, y para que se disipara el temor les dije:

-¡SON GRANIZOS!!!

– ¿Qué son los granizos mami?  (preguntó Natalia)

– ¡Vengan a mirar!!!

Ellos, entusiasmados corrieron hacia la ventana.

Al ver mi cara de felicidad ellos entendieron que nada malo les podía pasar.

La niña me dijo: – ¡Mira mami!!, ¡que lindo!!,  mientras apuntaba con su dedito regordete hacia el suelo.

Mientras yo la animaba reforzándole lo hermosos que eran, pese al ruido que apenas nos permitía hablar.

Ambas mirábamos hacia la calle, y de pronto Pablo en su media lengua-bebe, dijo:

-¡No veo mami!, ¡no veo los granizos!

-Pero mira, si están ahí, insistíamos con Natalia mientras le apuntábamos con los dedos hacia el suelo. No mami, ¡no los veo! Dijo Pablo con sus dulces 3 añitos y algo mas.

Entonces, instintivamente mire sus ojitos y me di cuenta que el pequeño no estaba mirando el suelo, ¡él estaba mirando hacia el cielo!! Entonces yo también miré el cielo y dejé de ver los granizos.

Le dije, mira el suelo Pablito, ahí él miró y me dijo ¡siiiiii son chispitas blancas!!! Y comenzó a aplaudir.

Ese día mi pequeño hijo me dio una lección de vida. Si miro al cielo, dejó de ver lo que me atormenta, si miro al cielo dejo de ver las dificultades!

Vino a mi mente aquel pasaje de la Biblia que nos relata la muerte del primer mártir de la Iglesia: Esteban (curiosamente es el segundo nombre de Pablo)

Hechos 7:55-60 “…Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, 56 y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios. 57 Entonces ellos, dando grandes voces, se taparon los oídos, y arremetieron a una contra él. 58 Y echándole fuera de la ciudad, le apedrearon; y los testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo. 59 Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu. 60 Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió….”

Esteban estaba siendo apedreado, pero puso sus ojos en el cielo y no vio las piedras, ¡él vio la gloria de Dios!

A veces somos apedreados por la vida; podemos fijar nuestros ojos en aquellas piedras o dificultades que vienen en nuestra contra , o bien, podemos fijar los ojos en el cielo y dejar de ver las adversidades.  De esta manera, veremos a Dios ayudándonos a superar el tiempo de aflicción.

Finalizo regalándoles este versículo: Colosenses 3:2 “…Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra…”

© Janette de Contreras. Todos los derechos reservados.

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Acerca Janette de Contreras

Janette de Contreras es una pastora apartada proveniente de Chillán, Chile. Fundadora del Ministerio Femenino Un Vaso Más Frágil, actualmente Ministerio Más Familias.

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