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¿A favor o en contra?

Evangelio de Hoy

Reflexion Cristiana – Base Bíblica: Juan 18:10-11

Introducción

La voluntad de Dios suele ser un tema bastante peculiar en la vida del creyente. La gran mayoría de los creyentes conoce el versículo donde dice que la voluntad de Dios es buena, agradable, y perfecta (Romanos 12:2). Sin embargo, cuando debemos tomar una decisión trascendental para nuestra vida, es posible que no estemos del todo seguros es cual es esa perfecta voluntad de Dios.

En muchas ocasiones, quizás no hemos estado seguros de que Dios nos está dirigiendo hacia un lugar e incluso, es muy probable que al tomar una sencilla decisión estuviésemos actuando en contra de su voluntad. Es muy triste entender que en distintas ocasiones hemos estado obrando totalmente en contra de su buena, agradable y perfecta voluntad. Debido a esta inquietud, quisiera compartirles esta reflexión cristiana titulada: ¿A favor o en contra?

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Desarrollo

Esta reflexión cristiana está basada en un de los sucesos que rodearon el arresto de Jesús antes de su crucifixión. Según leemos en Juan 18:1-11, cuando Judas fue acompañado de soldados, alguaciles, sacerdotes, y fariseos, con el objetivo de atrapar a Jesús, Pedro sacó su espada y le cortó la oreja al siervo del sumo sacerdote. Ante tal acto de violencia, Jesús le hizo a Pedro una pregunta que resulta clave para el desarrollo de esta reflexión cristiana.

La copa que el padre me ha dado, ¿no la he de beber?”, esas fueron las palabras de Jesús hacia Pedro esa noche, y deberían de hacernos recapacitar a todos los cristianos cada ve que leemos este pasaje de las sagradas escrituras.

Pedro

Pedro, un discípulo íntimo de Jesús, tuvo la dicha de vivir junto a Jesús muchas experiencias privilegiadas que solo su círculo íntimo (Pedro, Juan, y Jacobo) pudo disfrutar. Sin embargo, Pedro fue confrontado por Jesús en distintas ocasiones, debido principalmente a su manera de ver las cosas, muchas veces contraria a lo que Jesús enseñaba.

En una ocasión, fue el mismo Pedro el que quería inducir a Jesús a que no se sacrificara por la humanidad, cuando Jesús les dijo que era necesaria su muerte por el bienestar de la humanidad. En esa ocasión Jesús le reprendió enérgicamente, y en la base bíblica de esta reflexión cristiana, tampoco fue la excepción.

Pedro, al ver que se iban a llevar a su Maestro, actuó impulsivamente. Sacó su espada de la vaina, y le cortó la oreja a uno de los que venían a arrestar a Jesús. Pedro no podía entender, como podría resultar en algo bueno todo aquello, mucho menos en algo bueno, agradable, y perfecto, como al final resultó la resurrección de Jesús para darnos vida eterna.

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Actuando en contra de la voluntad de Dios

Cuando comenzamos a analizar lo sucedido, entendemos que Pedro nuevamente estaba actuando en contra de la voluntad de Dios porque, ¿era el plan de Dios que Jesús muriera en un cruz para resucitar al tercer día de entre los muertos y darle una oportunidad de salvación a toda la humanidad? Claro que si, el asunto es que Pedro pensaba que al defender a Jesús estaba actuando a favor de Dios, cuando en realidad estaba actuando en contra. Así como Pedro, muchas veces nos encontramos actuando en contra de la voluntad de Dios, pensando que estamos obrando en favor  de sus designios.

Cuando creemos en Dios, y somos los primeros en nuestras familias en abrazar el evangelio, queremos compartir las buenas noticias con nuestros familiares. Nos apropiamos de ese versículo que dice cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo tú y tu casa (Hechos 16:31), y les hablamos sin descansar a nuestros familiares acerca de Dios. Pero muchas veces ese afán por ganar a nuestros familiares puede hacernos personas cuya presencia sea poco grata entre las personas de nuestra familia.

Nuestros familiares

Quizás la voluntad de Dios, es que nuestros familiares lleguen a sus pies pero a través de otras personas. Pero nosotros en nuestro deseo de salvarlos, lo que estamos haciendo es alejarlos de Dios. Es decir, actuando en contra de la voluntad de Dios.

También puede suceder que estamos trabajando en algún ministerio, o área de nuestra congregación, y Dios quiera movernos a otra forma o lugar de servicio. Pero nosotros, al no entender que es Dios el que nos está moviendo, nos mostramos reacios al cambio de función. E incluso podríamos describirlo como una artimaña del maligno para ser infiel a la tarea que en ese momento efectuamos.

En Hechos 5, podemos leer que después de Jesús resucitar, y ascender a los cielos, en pleno surgimiento de la iglesia apostólica, Pedro y Juan fueron arrestados por los fariseos; y un ángel los sacó milagrosamente de la cárcel.

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Los jefes de los Fariseos fueron a hablar con los dos apóstoles en el templo, tratando de persuadirlos de que no hablaran más de Jesús. Sin embargo, la respuesta de los apóstoles fue negativa, ocasionando el repudio de los fariseos que estaban presentes en el templo.

El consejo de Gamaliel

En ese momento, destacó el consejo de Gamaliel, que decía que dejaran a los apóstoles tranquilos, que si eran movidos por el hombre, no durarían mucho, pero que si venían de parte de Dios, no lo podrían destruir, e incluso podrían verse “luchando contra Dios”

La pregunta que se me ocurre al leer este fragmento es: ¿Cuántas veces nos hemos encontrado luchando contra Dios? Quizás en nuestra propia congregación, sin darnos cuenta, le hemos trancado la puerta a Dios. O le hemos negado un espacio para obrar a través de ciertas personas que no nos parecían muy espirituales. El asunto clave para el cristiano es saber cual es la copa que debe beber. En otras palabras, ¿cual es la voluntad de Dios para su vida? Porque de no saberlo, se corre el peligro de muchas veces estar actuando en contra de Dios.

Conclusión

Para concluir esta reflexión cristiana, quisiera compartir algo de lo que dice Efesios 5:17, donde el apóstol Pablo nos expresa un grandísimo consejo para evitarnos vivir en esa extraña posición de estar a favor de Dios, pero inconscientemente, actuar en contra. El apóstol Pablo nos dice que no seamos insensatos, sino que seamos entendidos acerca de cual es la voluntad de Dios. Si queremos verdaderamente, obrar como Dios quiere, necesitamos obligatoriamente  saber que es lo que Él quiere.

Oremos para que Dios nos muestre su voluntad. Pidamos la valentía para llevarla a cabo, para poder así comprobar que la voluntad de Dios es buena, agradable, y perfecta. Actuemos según la voluntad de Dios, actuemos a su favor.

Redactado por: Roger Rosales para El Evangelio de Hoy.

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