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Creer en Dios es un absurdo

Reflexiones Cristianas

Introducción

En el Evangelio de Juan, leemos: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12). Ya en los Hechos de los Apóstoles, leemos: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.” (Hechos 16:31). Y en la epístola a los hebreos, leemos: “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.” (Hebreos 11:6).

Estos pasajes apuntan para la necesidad de tener fe, de creer.

En el Evangelio de Hoy, vamos a explorar el sentido de esta creencia. Pero, para esto, tenemos que asumir de antemano una verdad incontestable: ¡Creer en Dios es un absurdo!

La diferencia entre conocimiento y creencia

¿Qué es aquello en lo que uno cree? Seguramente, no es algo que se puede conocer de forma sencilla. Sin embargo, si fuera algo que uno puede simplemente conocer, la creencia no sería necesaria.

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Conocemos los objetos alrededor con nuestros sentidos.

Vemos una sartén con papas fritas en el fuego, por ejemplo, y sabemos que ella está allí delante de nosotros, bajo nuestra vista. Si dudamos de nuestros ojos, oímos el ruido del freír de las papas y sabemos que ellas están allí, dentro del alcance de nuestros oídos.

Cuando dudamos de nuestra escucha, sentimos el olor de la comida y sabemos que ella está allí, bajo nuestra nariz. Si dudamos de nuestro oler, tocamos en la sartén o en las papas (¡cuidado!, solo tocamos en las papas mientras estén en buena temperatura) y sabemos que ellas están allí, dentro del alcance de nuestras manos y nuestros dedos. Si dudamos de nuestro tacto, probamos las papas (otra vez, ¡solo en buena temperatura!) y sabemos que ellas están allí, dentro de nuestra boca.

Si aún dudamos de todo esto que nuestros sentidos nos ofrecen, cuando estamos ya saciados y sin hambre, después de comer, no tenemos más dudas todavía. Estamos vivos porque comemos y comemos porque hay comida.

Además, conocemos los objetos abstractos con nuestra inteligencia.

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Sabemos que dos más dos es igual a cuatro, no importa la circunstancia. Si dudamos de esto, tomamos dos papas de un lado y otras dos papas del otro lado y vemos cuantas papas hay en el total. Y si dudamos que las papas están allí, retrocedemos hasta los que decimos arriba.

Todavía, ¿como conocemos a Dios? ¿Es esto posible?

Con nuestros sentidos, no podemos conocer a Dios. Al Señor, no le miramos con nuestros ojos, ni escuchamos su voz, ni tampoco le tocamos con nuestras manos. También no podemos deducir Dios de una operación matemática, mucho menos de un golpe de pensamiento. Ahora bien, ¿por qué no?

La naturaleza de Dios

En el Éxodo, leemos: “Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé? Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros.” (Éxodo 3:13-14). ¿Qué significa esto?

Decir “yo soy el que soy” es lo mismo que decir “yo soy yo”, o aún, “papas son papas”, “amarillo es amarillo”, y así por delante. Esto es lo que llamamos en lingüística de pleonasmo, o en lógica de tautología. Tratase de casos donde el predicado dice la misma cosa que el sujeto. O en términos más simples: es una repetición.

Yo y yo, papas y papas, amarillos y amarillos son la misma cosa. Hay solamente una palabra en estas sentencias que difiere, a saber: ser. Este verbo, cuyas formas se manifiestan conjugadas como “soy”, “son”, “es”, entre otras, es todavía algo difícil de definir.

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Cuando preguntamos ¿qué es el ser?, e intentamos responder diciendo “ser es (cualquier cosa que pensemos)”, caemos en una trampa. La trampa consiste en el hecho de que cuando decimos que “ser es (algo)” estamos utilizando la palabra a ser definida en su definición, sin antes esclarecer su sentido. Esto ocurre porque “ser” es el verbo más oscuro y enigmático de todos los verbos.

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